¿Tendrá Estados Unidos expertos internacionales en un futuro?

Después del 11-S recuerdo leer cómo en las universidades estadounidenses las facultades de estudios islámicos y lengua árabe habían estado en franca decadencia durante años. No eran estudios que atrajeran a muchos estudiantes y proporcionaran grandes ingresos a las universidades. Sin embargo, después de los atentados se dispararon las ventas de libros sobre Islam y yihadismo. Se disparó la demanda de expertos.

En 2009 David C. Engerman planteó en Foreign Affairs la falta que existía de un estudio institucionalizado del yihadismo, de la misma forma que durante la Guerra Fría se había financiado públicamente la existencia de cátedras y centros de estudios soviéticos. Hablé aquí sobre la proliferación en España de expertos de andar por casa cuando el terrorismo yihadista se convirtió en un asunto de gran interés público y la falta de una verdadera yihadología.

Este verano Charles King contó en Foreign Affairs como en 2013 el Departamento de Estado había cortado la financiación de su programa avanzado de lengua y formación cultural sobre Rusia y otros países ex-soviéticos. Después de reclamaciones y protestas fue recuperado este año pero con la mitad de presupuesto. Y ello en plena confrontación con Rusia en Europa Oriental. Significativamente el artículo se subtitula “por qué volando a ciegas es peligroso”. King presenta un panorama para los programas de humanidades y ciencias sociales en las universidades estadounidenses, lo que no cuesta imaginar tiene un impacto en la visión y comprensión del mundo en un país con una proyección imperial.

Más allá de ese problema de fondos, me dio por pensar el relevo generacional. Zbigniew Brzezinski nació en Polonia. Nunca hizo concesiones a pesar de lo impronunciable del nombre. Se casó con Emilie Beneš, sobrina-nieta de un presidente de Checoslovaquia pero nacida en Suiza. En cambio, Marie Jana Korbelová, nacida en la República Checa, se cambió el nombre a Madeleine y cuando se casó adoptó el apellido de su marido para ser conocida como Madeleine Albright. Tanto Zbigniew Brzezinski como Madeleine Albright eran hijos de diplomáticos que se vieron afectados por el ascenso del nazismo y la Segunda Guerra Mundial. George Friedman, por su parte, nació en Hungría. Su familia sobrevivió al Holocausto y logró llegar a Estados Unidos.

La de Brzezinski y Albright fue una peripecia personal donde la historia familia de sufrimiento a manos de potencias totalitarias, en una era en que Europa era un tablero geopolítico donde se jugaba abiertamente al poder duro, marcaron profundamente su visión de la politica exterior. Pero en los tiempos de la Nueva Guerra Fría será interesante ver si Estados Unidos sigue siendo ese país cuyos académicos e intelectuales son la referencia mundial y sus políticas unos implacabables estadistas.

 

Geopolítica de la crisis griega

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Álvaro Imbernón y un servidor hemos hecho un repaso a las cuestiones geopolíticas de fondo en la crisis griega para Passim.eu: “El contexto geopolítico de la crisis griega”. Hablamos del temor estadounidense a un acercamiento griego a Rusia, el papel que podría asumir Grecia en la pinza energética rusa sobre Europa, el interés de China en Grecia como parte de sus rutas comerciales y el impacto en las relaciones de la UE con los Balcanes que tendría una salida griega.

El mundo es un circo de tres pistas

Recientemente actualicé la apariencia de FlancoSur.com con una plantilla mucho más moderna y que le da un aspecto más “profesional”. Lo que empezó en 2002 como una página programada en HTML a mano dedicada a las fuerzas armadas del Magreb, se convirtió en 2005 en un blog sobre el Magreb y África Occidental en el ya desaparecido servicio Blogsome. Creo que he repetido muchas veces que me gustaría leer en español más blogs como FlancoSur.com pero dedicados a otras regiones. Hace tiempo que decidí que no daba abasto a todo lo que pasaba en el mundo y que había regiones en las que, a pesar de que pasaban cosas muy interesantes, no iba a tratar en GuerrasPosmodernas. Me gustaría por ejemplo, leer un blog en español sobre el ascenso de China y la carrera armamentística en Asia Pacífico. Y otro que tratara los países del Consejo de Cooperación del Golfo y su rivalidad geopolítica con Irán. Hice mi particular lista de regiones y sus asuntos relevantes en “Mi mapa del mundo para el siglo XXI”.

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Maniobras conjuntas chino-rusas

Llevo semanas tratando de forma repetida la Nueva Guerra Fría y todavía me quedan muchas cosas por desarrollar. Por ejemplo, las diferencias con la vieja Guerra Fría. Un tema recurrente en las conversaciones y comentarios es el papel de China. Rusia y China forman parte de la Organización de Cooperación de Shanghái, una de tantas organizaciones internacionales que ha impulsado Rusia. Recordemos la Unión Económica Euroasiática, la Unión Euroasiática, la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva y la Comunidad de Estados Independientes. A pesar de sus interés común en ejercer un contrapeso a la hegemonía estadounidense, Rusia y China mantienen geoestrategias diferentes. La perspectiva china es tremendamente pragmática y cauta. China no se dedica a crear canales como Russia Today o Hispán TV. Además, las regiones rusas del Lejano Oriente son un área ricas en recursos y escasa demografía que tarde o temprano se convertirán en un área de influencia china por los flujos migratorios, algo que Robert D. Kaplan anticipaba en The Ends Of The Earth (titulado en España Los confines de la Tierra). De hecho, uno de los argumentos de algunos generales rusos para resistirse al fin del servicio militar era la necesidad de un ejército numeroso para enfrentarse a China en un futuro.

China está al margen de la Nueva Guerra Fría pero eso no quiere decir que no sea relevante. La cuestión es que hay otros grandes relatos ahora mismo al margen de la Nueva Guerra Fría. Esa es una de las grandes diferencias con la vieja Guerra Fría. No es el eje explicativo de todo lo que pasa en el mundo. Hay en mi opinión otros dos grandes escenarios de un mundo que yo he definido como un circo de varias pistas. Por un lado, tenemos el “ascenso pacífico de China” y la carrera armamentística generada en Asia Pacífico como respuesta. Hace dos años me planteé “¿Abandonó Asia el mundo de las guerras posmodernas?”. Es interesante señalar que tanto Corea del Sur como Japón han lanzado sus propios proyectos de portahelicópteros y de caza de 5ª Generación, mientras el consorcio Eurofighter aún no ha terminado de desarrollar el avión o Francia sólo encontró recientemente un cliente de exportación en firme recientemente. El auge de China lleva a situaciones curiosas, como el acercamiento de Vietnam a Estados Unidos o que Japón haya decidido exportar armamento.

Bienvenida a la U.S. Navy en Da Nang (Vietnam)

Bienvenida a la U.S. Navy en Da Nang (Vietnam)

El otro tema relevante es Oriente Medio concretamente y las fracturas internas dentro del mundo musulmán en general (fitna en Dar al Islam). Hablo de fracturas en plural porque tenemos el conflicto fundamental del mundo musulmán con la Modernidad, que se manifiesta en la política y en las calles de la mayoría de los países con población musulmana, desde Europa al desierto de Siria. Pero también la fractura sunní-chií en Oriente Medio. Ya en su momento vimos que hay una larga lista de conflictos sociales y escenarios de violencia sectaria que van desde las reivindicaciones de la minoría aleví en Turquía a la lucha contra los talibán del pueblo hazara en Afganistán, pasando por el conflicto en Yemen. Pero el conflicto central es el que enfrenta las monarquías sunníes del Consejo de Cooperación del Golfo con la Irán chiita y sus aliados del Eje de la Resistencia por la hegemonía en Oriente Medio. Su punto caliente es la guerra en Siria. En este último caso, tenemos un conflicto que se solapa con la dinámica de la Nueva Guerra Fría.

Hay otros puntos calientes en el planeta, desde México a República Democrática del Congo. Pero los tres grandes escenarios que he planteado (la Nueva Guerra Fría, la fitna en Dar al Islam y el nuevo Gran Juego de Asia) tienen implicaciones que desbordan regiones para tener una importancia global. Que el mundo se haya convertido en un circo de tres pistas es el reflejo de un creciente orden internacional multipolar.

Más dura será la caída

Es algo que no falla. En los últimos años cada cierto tiempo surge una crisis internacional y me encuentro varios análisis fuera de la “prensa seria” que anuncian que estamos ante la excusa que Estados Unidos necesitaba para comenzar una gran guerra con la que salir de la crisis. Hablamos de Irán, Corea del Norte, Siria y Ucrania… En su versión más apocalíptica y literaria nos cuentan que estamos ante la decadencia final de un imperio en colapso que, como una bestia herida, no se derrumbará sin dar un último y mortal coletazo. En su versión geeconómica estaríamos ante la búsqueda de una excusa para realizar un gran gasto militar que sirva de paquete de estímulo para salir de la crisis, porque como todo el mundo sabe “Estados Unidos sólo salió de la crisis de 1929 con la Segunda Guerra Mundial”. Así nos cuentan que la guerra con Corea del Norte hubiera servido de advertencia parar frenar el ascenso de China en Asia-Pacífico y la guerra en Siria hubiera servido para recomponer el inestable orden geopolítico en Oriente Medio. Luego resulta que todas las señales que vienen del gobierno de Estados Unidos van en sentido contrario. Pero no importa, porque tenemos la excusa perfecta para que unos cuantos blogs nos desentrañen las claves ocultas y fundamentales de la guerra civil siria o la invasión rusa de Ucrania. Que como nos contaron para el caso de Kosovo o Gaza, siempre es el petróleo (algún día tendré que escribir la segunda parte de “Cómo acabar con la Geopolítica de una vez por todas”).

En las últimas semanas me ha pasado lo contrario. No he parado de encontrar noticias que anticipan problemas económicos para Europa, China, Japón y Rusia. Es decir, para todos menos para Estados Unidos. En el caso de ZeroHedge.com me ha hecho gracia porque es una página web que alguno usó en su momento como fuente para sustentar la idea de que las sanciones económicas al gobierno de Putin no iban a afectar a Rusia y además provocarían un efecto “boomerang” que perjudicaría a EE.UU. y la Unión Europea. Así que ya ven la fiabilidad de ciertas páginas webs que no paran de anunciar el apocalipsis. Un día es uno y mañana es otro del signo contrario. Así que recomiendo tomar con precaución esta clase de informaciones. De aquí a unos meses sabremos si estaban tras la pista de algo importante o se trata de fuentes a descartar. Mientras tanto, se acumulan datos de algo interesante.

El barco de cubierta verde en la foto es el BW Zambesi, un petrolero de bandera de Singapur, que el miércoles 30 de julio de este año partió de Texas con un cargamento de petróleo por valor de 40 millones de dólares rumbo a Corea del Sur. Se trató del primer contrato de exportación de crudo estadounidense desde los años 1970. Estados Unidos está viviendo un boom de producción petrolera gracias a los yacimientos no convencionales de hidrocarburos. Las famosas explotaciones de fracking (fractura hidráulica). Estados Unidos produce ahora mismo más petróleo que Arabia Saudita y abundan los artículos que hablan de la nueva “América Saudita” (como este del American Entreprise Institute o este otro de The Economist)

Mientras tanto, el precio del petróleo no ha parado de caer. Desde el pico de 107,95 dólares por barril en junio, el West Texas Intermediate cayó a los 81,26 dólares la semana pasada. Se barajan varias razones acumuladas, como el nuevo flujo de petróleo estadounidense o la reentrada en el mercado de Libia, pero llevamos varios meses asistiendo a la caída del precio del petróleo en los mercados internacionales. Podría tratarse de de un intento de los países de la OPEP de hacer caer el precio del petróleo por debajo del precio a partir del cual es rentable la explotación de los yacimientos no convencionales en Estados Unidos. Pero el fenómeno tiene unas implicaciones importantes. Una súbita caída del petróleo por debajo de cierto nivel de precios supone que ya no se van a cumplir las previsiones con las que muchos gobiernos que dependen de las exportaciones de hidrocarburos elaboran sus presupuestos generales. Entre los primeros afectados estarían Rusia, Irán y Venezuela. Esta última, estaría escondiendo los malos datos de la estatal PDVSA bajo ingeniería contable y ha resultado un socio no muy fiable para China.

Bz6Zby3CUAA9wZW.png largeRusia ya ha sufrido además una enorme caída del rublo que ha llevado a una merma de sus reservas de divisas tratando de mantenerla a flote. Así que está por ver si, con una caída de los ingresos por exportación de petróleo, el Kremlin podrá mantener los expansivos presupuestos de defensa de 2015 y sus ambiciones geopolíticas en el contexto de lo que yo llamo la Nueva Guerra Fría. Rusia podría caer en una recesión en 2015.

Este movimiento en los mercados internacionales podría responder también a un estrategia concertada entre Estados Unidos y Arabia Saudita para poner en aprietos la economía iraní, cuyo régimen destina grandes recursos en sostener al régimen de Assad en Siria y además está embarcado en un costoso programa nuclear.

Recomiendo la lectura de La revolución del Fracking es real y ya está aquí de Andrés Rodríguez. Por su parte, Ángel G. de Ágreda, que se multiplica en Internet con Perdidos en el Ciberdespacio y Center Comradedom, nos ofrece una recopilación de noticias sobre energía en Energy and Environmental Security.

Imperios e imperialismo

El domingo fue 12 de octubre, Día de la Fiesta Nacional en España y Columbus Day en Estados Unidos, donde el día festivo se pasó al lunes. Así que en Facebook y en Twitter vi toda clase de comentarios y memes sobre la nefasta naturaleza de la efeméride, destacando la crueldad y racismo de Colón. Cómo no, todos esos mensajes provenían en su mayoría de gente blanca occidental bienpensante. Por ejemplo, “9 reasons Christopher Columbus was a murderer, tyrant, and scoundrel” por Dylan Mathews en vox.com Aquí tienen al bueno de Dylan:

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A estas alturas no vamos a discutir el impacto en las poblaciones locales que tuvo el “Descubrimiento de América”. Pero me llamó la atención cómo entran a saco en el tema autores anglosajones para los que el imperio español fue sinónimo de fanatismo cristiano, crueldad racista y codicia, cuando la realidad es que los exploradores de cualquier otro país europeo a finales del siglo XVI hubieran compartido los mismos valores y se hubieran comportado ante pueblos indígenas de la misma manera. Ya tuve ocasión de reseñar aquí la doble vara de medir de Robert D. Kaplan en su libro Monzón a la hora de relatar la expansión por el Océano Índico del imperio portugués primero y el británico después. Cualquiera diría siempre, que en los relatos de autores anglosajones los imperios británicos y estadounidenses se expandieron por el bien de la Humanidad entera. En definitiva, puro etnocentrismo.

El tema del imperialismo tiene lecturas a más niveles. Juzgamos de forma anacrónica el comportamiento de imperios de hace siglos con estándares del presente. Podemos estar seguros que Hernán Cortés y los suyos no mostraron piedad con los aztecas, ni sensibilidad con la cuestión del género, ni comprensión con las minorías sexuales, ni respeto con el medio ambiente… Simplemente se guiaron por los implacables esquemas morales de la época. Ingleses, franceses y holandeses no habrían establecido crisoles multiculturales en América a principios del siglo XVI, ni lo hicieron siglos más tarde en América, Africa y Asia.

Sobra decir además, que la Triple Alianza que formaba lo que conocemos como Imperio azteca desapareció al ser contactada por un imperio naciente que contaba con un desarrollo tecnológico y recursos superiores. No hubiero sido de esperar mucha más benevolencia de haber desembarcado los belicosos y crueles aztecas en las costas de la Península Ibérica. De hecho, la clave del éxito militar de Cortés con muy escasa tropa fue la disposición de los pueblos vecinos a luchar contra la tiranía azteca. Así por ejemplo, Hernán Cortés da cuenta en su tercera carta que Pedro Alvarado tomó parte en el asedio de Tenochtitlán desde Tlacopan con “30 caballos, 18 ballesteros y escopeteros, 150 peones de espada y rodela, 25.000 tlaxcaltecas.

Mi perspectiva es que no podemos clasificar desde una perspectiva moral a los países en malvados imperialistas y bondadosos pacifistas. Sino que existen países que han tener medios materiales para crear un imperio y otros que no. Si repasamos la Historia de Europa desde Alejandro Magno hasta la Segunda Guerra Mundial veremos que es rara la unidad política europea de Noruega a Grecia y de Portugal a Lituania que en algún momento no viviera una agresiva expansión para terminar siglos más tarde sin imperio y abanderando la multilateralidad, la concordia y el diálogo. Creo que la razón para crear un imperio sometiendo a otros pueblos no tienen que ver con la inmoralidad, sino con la misma razón que dio Bill Clinton: “Porque pude”.

Esta reflexión me hace recordar una entrevista hecha a Rafael Poch-de-Feliu, actual corresponsal del diario barcelonés La Vanguardia en Berlín. La entrevista fue reproducida por el propio entrevistado en La Vanguardia. Creo que vi circular el enlace por Twitter o Menéame, además de que algún lector la enlazó y me recomendó su lectura en un comentario. La tesis de Poch-de-Feliu es que Estados Unidos es un imperio malvado y torpe que acosa a las pacíficas China y Rusia. Abordaré sus tesis aquí próximamente.

 

Las Revoluciones de Colores y la reconfiguración del orden mundial (1ª parte)

[Primera entrega de Guillermo Pulido, firma invitada]

Esta es una historia de política de poder y agresiones indirectas, de grandes potencias y esferas de influencia, de democracia versus autoritarismo. Las Relaciones Internacionales tiene sus asuntos cumbre y más importantes en la política internacional, y la política internacional está dominada por las grandes potencias. Las grandes potencias para poder ejercer su poder más allá de sus fronteras, crean (entre otras cosas) esferas de influencia, en las que controlan (hasta cierto punto) los temas clave en lo militar e internacional. Las élites políticas de los países dentro de esa esfera no pueden ir contra los intereses de esas grandes potencias, y si así lo hicieran, esta tomaría represalias para persuadir de que sigan con esa actitud, o sencillamente intentará de derrocar ese gobierno y/o invadirá ese país. Los casos de la URSS en 1968 en Checoslovaquia, Hungría en 1956 y Afganistán en 1979, así como los de EEUU en Guatemala en 1954, Granada  en 1983 y Panamá en 1989, son paradigmáticos (como quizás también le ocurriese a Aldo Moro). En esa misma línea está la interpretación de la abortada invasión de Egipto en 1956 por Francia y Reino Unido, acontecimiento que pasó a la historia como la puesta de manifiesto de que esos países ya no eran grandes potencias.

La URSS era una gran potencia que rivalizaba por el dominio en Europa con la otra gran potencia de la posguerra: EEUU. Esto generaba un entorno y ambiente de Realpolitik y Equilibrio del Terror, por lo que cuando la URSS desapareció, dejó la impresión de que en Europa la política realista de grandes potencias, con sus correlatos de equilibrio de poder y esferas de influencia, había llegado a su fin. Pero dicha impresión no se ajustaba a la realidad. La Guerra Fría y la URSS pudieron disolverse pacíficamente gracias a la Cumbre de Malta y los Acuerdos de Belavezha. En Malta, hubo una especie de acuerdo (entre Bush y Gorbachov) para que la Europa del Este pudiese dejar de ser comunista y se disolviese el bloque oriental de forma pacífica a cambio de que la OTAN y EEUU no se expandiesen en esa zona. En Belavezha, Rusia, Biolorrusia y Ucrania (a lo que luego el resto de repúblicas soviéticas menos las bálticas se adhirieron) acordaron disolver la URSS a cambio de reconocer a Rusia como gran potencia y subordinarse en lo militar y lo político internacional a Moscú. En Belavezha, Rusia reconocía las fronteras y respetaba los asuntos internos de las repúblicas exsoviéticas a cambio de que esos países no se integraran en algún bloque ajeno a los intereses rusos, de lo contrario Rusia iría a la guerra y desgajaría esos países. Belavezha fue la base para la Comunidad de Estados Independientes, y es la piedra fundacional de la política exterior rusa desde 1991 hasta la actualidad. Por lo tanto, cualquier ilusión o apariencia de que en Europa se había llegado al fin de política de poder, estaba destinada a chocar con esa realidad. Y si bien en los primeros años de la Posguerra Fría tal ilusión pareció ser cierta por la debacle del Estado ruso, una vez este se recobró con Putin  en un entorno económico propicio (a la vez que la OTAN y la EU se han ido expandiendo al Este hasta las mismas fronteras de la antigua URSS), el subyacente e inevitable conflicto político y militar vuelve a emerger a la superficie al tener Rusia otra vez cierta capacidad para reivindicar sus derechos de gran potencia.

Como los intereses de las grandes potencias han de ser respetados por los gobiernos que conforman sus esferas, siempre habrá algún contenido antidemocrático y de imposición externa, ya que las poblaciones de dichas esferas no pueden votar hacer cosas en contra de los intereses de la gran potencia, o elegir a gobernantes que hagan cosas contra dichos intereses. Por lo tanto, y hasta cierto punto, dichas poblaciones han de aceptar cierto sometimiento (por lo menos en cuestiones militares e internacionales), y habrá una permanente dependencia hacia la gran potencia por parte de la élite de gobierno de esos países para estar en el poder, ya que dicha élite está hasta cierto punto alienada de sus propias poblaciones. El ejemplo por escrito perfecto de esto fue la Carta de Varsovia de 1968, lo que pasó a la historia como la Doctrina de la Soberanía Limitada de Breznev. Se quitó a la nueva élite encabezada por Dubček y se ponía una dependiente en última instancia de Moscú. Toda esfera de influencia tiene el aspecto dictatorial de ir imponer en última instancia el criterio de la gran potencia si sus intereses vitales se ven comprometidos. Esto explica, por ejemplo, la dependencia  mutua entre Lukashenko (o Yanukovich) y Moscú.

El único caso en la historia que va contra esa dinámica sempiterna es el de la OTAN, que si bien llegó a tener en su seno a democracias tuteladas o dictaduras y usaba la Red Gladio para la Estrategia de la Tensión, la gran mayoría de los países que integraban dicha esfera eran democracias, con poblaciones y/o élites que querían estar voluntariamente dentro de la OTAN, y que no harían nada que fuera radicalmente en contra de los intereses vitales de EEUU. Como explica la Teoría de la Paz Democrática, las democracias prácticamente nunca se hacen la guerra entre sí pero sí con las dictaduras, por lo que tras la Segunda Guerra Mundial la confrontación estaba servida de forma casi predestinada al dividirse ideológicamente el continente europeo. Mientras los países que quedaron en las zonas británicas y americanas fueran democracias, sus élites democráticas no tendrían que temer de EEUU o Reino Unido y sin embargo sí temerían un régimen político interno dictatorial comunista promovido por Moscú. Además la “paz democrática” induce a que no  problemas internacionales con EEUU (al ser democracia y con la que nunca entrarían en guerra) pero sí con la URSS (al ser una dictadura con la que tenían la posibilidad probable entrar en guerra). De ese modo y de forma natural, voluntaria, pacífica y democrática, se conformó la esfera de influencia americana en Europa (aunque EEUU tuvo que recurrir a métodos dictatoriales y violentos fuera de Europa para garantizar su esfera de influencia). Una vez acabada la Guerra Fría, los países del antiguo bloque del Este y la URSS al convertirse inicialmente en democracias, tenían por opción lógica y necesaria de política exterior unirse al bloque occidental, tanto por lo político que indica la paz democrática, como por mero interés económico (con la que Rusia jamás podía competir), hechos que Rusia no puede permitir si quiere seguir siendo una gran potencia con su propia esfera de influencia

En resumen, si Rusia quiere enfrentarse a una gran potencia democrática (Estados Unidos) así como también a potencias medias democráticas (Francia, Alemania, Polonia, etc) no puede ser ella una democracia (plena), de la misma manera que para imponer a ciertos países (quieran o no) una esfera de influencia, ha de recurrir a sostener gobiernos que no sean democráticos, ya que si lo fueran querrían formar parte del superior bloque económico occidental (UE) así como gozar de su protección militar (OTAN).

[Continuará]

Los muchos Estados Unidos

En enero publiqué aquí una reseña de An Empire Wilderness de Robert D. Kaplan. El autor viajaba por Estados Unidos con la misma mirada con la que normalmente viaja por lugares remotos del planeta, compaginando los apuntes del natural con datos estadísticos y perspectiva histórica. Entonces destaqué:

Lo que preocupa a Kaplan es si Estados Unidos como nación tiene futuro. Y lo que se encuentra es que la política “nacional” interesa cada vez menos y las preocupaciones fundamentales de la gente son de tipo local. Washington D.C. se ve como un poder lejano e intrusivo. Pero el debate no es sólo “Washington D.C. se lleva nuestro dinero con impuestos”, sino que incluso los gobiernos estatales se ven como un poder ajeno. Las verdaderas preocupaciones son las cuestiones del municipio, el condado o la región.

ha recopilado en Buzzfeed una lista de territorios que en Estados Unidos quieren formar su propio estado y algunas citas de personas que defienden esas iniciativas. Encontramos recurrentemente el rechazo a las políticas dictadas por la capital del estado, sea Phoenix (Arizona), Annapolis (Maryland) o Trenton (New Jersey). En las razones para la secesión hay una recurrente brecha entre megaurbes y el resto del estado (Chicago y Miami) o condados rurales y el resto más urbanizado del estado. En algunos casos las inciativas suponen la secesión de un estado para unirse en uno nuevo a otros territorios que también se separan del suyo. Si todos las iniciativas tuvieran éxito el mapa de Estados Unidos se redibujaría de la siguiente manera: buzz-wide-gif

Sobra a estas alturas explicar que hay muchos y diferentes Estados Unidos. Colin Woodard ha identificado nada menos que “once culturas regionales” que se caracterizan por sus valores colectivos que encuentran expresión en dicotomías como individualismo vs colectivismo , el papel de la religión en la vida pública o su tolerancia hacia las minorías religiosas, étnicas y sexuales. Así en Nueva Inglaterra, la costa de California, Nueva York, el sur de Louisiana y Canadá occidental encontramos élites intelectuales, valores socialdemócratas e inclusión de las minorías mientras que en los antiguos territorios confederados del Sur y las grandes llanuras del oeste encontramos desconfianza hacia el gobierno de Washington y sus políticas fiscales o medioambientales. Estas diferencias se reflejan de forma práctica en el voto y el apoyo a leyes relativas a la tenencia de arma o pena de muerte.

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Los mapas secretos que todo el mundo conoce en Internet

Hace poco hablé por aquí de cómo propuestas más o menos descabelladas de redibujar las fronteras de países terminan consideradas ciertamente por personas ajenas al autor, que sólo pretendía lanzar un debate. Lo realmente divertido es ver una y otra vez artículos que pretenden desvelar los “planes secretos del Pentágono/Washington para redibujar Oriente Medio”. Tan impactantes piezas de periodismo militante anti-imperialista reproducen una y otra vez el mapa de Ralph Peters, un militar retirado y experto recurrente en medios de la derecha mediática estadounidense.

The Project for the New Middle East

El fenómeno se repitió hace poco con un artículo de Robin Wright en el New York Times, donde una vez más se proponía acabar de una vez por todas con los problemas del Gran Oriente Medio redibujando sus fronteras en un intento de solucionar los problemas heredados del acuerdo Sykes-Picot. Wright proponía fracturar cinco países para convertir a cinco países en quince.

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El artículo generó en Twitter una ola de “Oh, no. Ahora todos los chiflados conspiranoicos creerán ver en él los planes secretos de Estados Unidos para Oriente Medio”. Le comenté a alguien que el mapa de Robin Wright podría seguir el camino del mapa de Ralph Peters. Y en esto, curiosamente, intervino la persona que gestiona la cuenta de Twitter de la revista Armed Forces Journal, donde se publicó el artículo que dio origen a todo, para contar que era el artículo más leído de la publicación en Internet.

The article and the accompanying map were — and continue to be — widely taken as Washington’s blueprint for imperial meddling. Today, the article and map remain among the most-visited pages on the AFJ website.

Me hace ilusión pensar que mi comentario contribuyó a que el Armed Forces Journal  publicara una pequeña pieza comentando el artículo de Wright y la conspiranoia generada en torno al mapa de Peters. Pero si para todos esa clase de artículos era motivo de cachondeo, en esto llegó el blog de EurasianHub para comentar el mapa de Wright, “un tanto misterioso en cuanto a sus motivaciones e intenciones”. Definitivamente hay que acabar con la Geopolítica de una vez por todas.

China y la obsolescencia de la Geopolítica

Recientemente enlacé a una entrevista al general (retirado) Julio Hang realizada por la publicación argentina DEF. Es una entrevista interesante sobre la transformación de los conflictos armados pero entre lo que contó el general me llamó la atención una parte en la que hablaba sobre el valor actual de la Geopolítica, que nos debe llevar a tener en cuenta cosas como “China y la realidad de que solo es capaz de alimentar al 23% de su población, con solo 7% de su superficie arable”.  Ese comentario me pareció propio de una visión geopolítica del mundo propia del siglo XIX, cuando la riqueza de los países se medía por las minas de carbón o los campos de trigo que explotaban. Hoy un país puede generar grandes cantidades de ingresos mediante la industria y el sector servicios sin tener un sector primario que cubra sus necesidades de consumo, importando manzanas de Chile y tomates de Marruecos.

Ayer saltó la noticia de que la empresa Xinjiang Production and Construction Corps había llegado a un acuerdo con KSG Agro para explotar 3 millones de hectáreas en Ucrania, lo que representa el 9% de la tierra arable en el país y el 5% del total del país. Hoy KSG Agro desmintió la noticia, que se había anunciado como “China compra el 5% de Ucrania”. Estoy seguro de que el titular no sentó nada bien en Ucrania.

No sé si se trató de una empresa china que anunció demasiado pronto un acuerdo que estaba negociando o un intento desde Ucrania de aplacar a la opinión pública. La cuestión de fondo es que China está arrendando terrenos en otros países para asegurar su suministro alimentario. No está solo en esta tendencia global. Aquí una gráfica:

foreign-land-grabsLlama la atención los acuerdos de Egipto, cuya población casi se dobló entre 1990 y 2010, lo que significa que las tierras regadas por el Nilo no son ya suficientes para alimentar a su población. Y claro está, China, con acuerdos firmados en Sudán y Tayikistán.

El mes pasado leíamos en el Eurasia Daily Monitor de la imprescindible Jamestown Foundation:

During the past decade, China made remarkable progress building pipelines and creating a principally new pattern of transportation infrastructure with other Central Asia countries. In a relatively short timeframe, China has launched the construction of the Kazakhstan-China three-stage oil pipeline, built the Central Asia–China gas pipeline, opened new highway routes in Tajikistan and just recently launched a “Silk Road” railway that proceeds from China to Europe through Kazakhstan. In fact, the new regional pipelines not only carry gas and oil to China, but also grant oil and gas access to local energy-deficient areas and thus change the energy balance in Central Asia, while simultaneously enforcing Chinese and Central Asian economic inter-dependencies.

China está afianzando su posición en Asia Central, lo que le permite contrarrestar su dependencia de los recursos energéticos transportados por el Océano Índico, que le lleva a una pugna geoestratégica con la India. Donde para algunos “la geografía es el destino” y ven un choque inevitable, resulta que los chinos están adoptando estrategias que le impidan depender de los proveedores de una sola aérea geográfica. En definitiva, hay que leer más geoeconomía y menos geopolítica.

¿El comienzo del fin del “Imperio estadounidense”?

Una vez le preguntaron al ministro de asuntos exteriores chino Zhou Enlai sobre los acontecimientos de Mayo de 1968 en París. Contestó que le parecía pronto para valorar su significado. En algún momento la frase se tergiversó y hoy en día se cita la respuesta en una versión en la que Zhou Enlai de lo que se mostraba reacio a emitir una valoración era de la Revolución Francesa de 1798. Normalmente quien atribuye esa cita apócrifa a Zhou Enlai señala la tradicional prudencia china y su visión a largo plazo. La misma que llevó a Den Xiapoing a plantear reformas que alejaran a China del modelo soviético para convertir al país en potencia mundial avanzado el siglo XXI.

Llevo interesado en los asuntos de seguridad y defensa desde finales de los 80 y recuerdo en aquel entonces cómo todo lo que fabricaba China era una evolución de tecnología soviética recibida antes de la ruptura con la URSS. China llegó a ofrecerle a Brasil el F-7M Airguard, su copia del MiG-21, a cambio de dos turbohélices EMB-312 Tucano por ejemplar. Hoy, China desarrolla su propio caza de quinta generación (Europa no está ni se le espera en ese campo) mientras Brasil pone como condición a los ofertantes de su programa FX-2 altas transferencias tecnológicas.

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Siempre insisto en que lo importante respecto a China no es dónde está hoy, sino dónde va estar. Cada paso tecnológico dado es acogido con comentarios negativos por algún pretendido escéptico que señala lo que a China le queda por recorrer y lo improbable de que alcance ese hito. Tiempo después ese hito es superado y de nuevo escuchamos que el desarollo chino es un espejismo carente de bases sólidas porque se dan las circunstancias para que el siguiente hito tecnológico nunca sea superado. Y así desde finales de los años 80 hasta el presente y más allá.

El ascenso chino no presenta ningún problema de acotación temporal a los historiadores. Su inicio está bien delimitado en el tiempo. Pero en estos días, siguiendo la posible intervención estadounidense en Siria, me he empezado a preguntar si lo que hemos vistos son síntomas de lo que en un futuro y con la perspectiva del tiempo señalaremos como el comienzo del declive de la condición de Estados Unidos como solitaria híper potencia. No tanto porque hayan mermado los medios con los que Washington pueda actuar, pero sí porque haya disminuido su capacidad de actuar de forma unilateral.

Al contrario que en la guerra de Kosovo, ya no tenemos a una Rusia débil pendiente de la renovación de créditos por parte del Banco Mundial y por tanto dispuesta a dejar pasar en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas una resolución contra un aliado. Putin lanzó una renovación de sus fuerzas armadas a raíz de las lecciones de la guerra con Georgia en 2008 que en el futuro seguro aumentará el perfil internacional del país, como estamos viendo ahora en el Mediterráneo.

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La invasión de Iraq en 2003 y su posterior ocupación agotó por largo tiempo la disposición de la opinión pública estadounidense de embarcarse en aventuras en el extranjero. La idea de invadir un país para cambiar su régimen político está totalmente fuera del debate político. Irónicamente, la mentira que se usó para justificar la invasión de Iraq sobre las armas de destrucción masiva del régimen de Hussein han retornado como un bumerang. A pesar de las informaciones ofrecidas por Médicos Sin Fronteras sobre el presunto ataque con armas químicas del 21 de agosto en Ghouta existe una desconfianza generalizada a pesar de que los indicios sean de que efectivamente se usaron armas químicas o al menos armas termobáricas. La crisis en Siria es un ejemplo de que hay problemas que superan la capacidad de Estados Unidos de generar orden a bombazos y que tenemos ahora crisis con demasiados actores internacionales implicados para que una accción unilateral sea capaz de ofrecer resultados. Pero antes de que alguno arranque a aplaudir el comienzo del fin del imperio estadounidense habría que recordar que asistiremos en paralelo al ascenso del nuevo imperialismo ruso y un creciente imperalismo chino.