Los aspectos militares de “Margen Protector” (I)

La última operación terrestre israelí en la Franja de Gaza tuvo lugar en enero de 2009 durante la crisis entre diciembre de 2008 y enero de 2009 cuyo componente militar israelí se denominó Operación “Plomo Fundido”. En aquel entonces el ejército israelí entró en la Franja encontrando muy poca resistencia por parte de las Brigadas “Ezzeldin Al-Qassam” de Hamás, cuya principal experiencia hasta el momento eran los atentados terroristas y el lanzamiento de cohetes contra Israel.

El intento de enfrentarse a las fuerzas israelíes como una fuerza de guerrilla al estilo de Hezbolá en el sur del Líbano en 2006 se saldó en un fracaso. Los combatientes de Hamás carecían de la formación y los medios con los que contó en aquella guerra Hezbolá, que dispuso de armamento avanzado como los misiles anticarro “Kornet”. Además las zonas no urbanizadas de la Franja de Gaza ofrecen un terreno muy diferente a las colinas y la cubierta de vegetación del sur del Líbano. En “Plomo Fundido” sólo murieron nueve militares israelíes, de los que cuatro fueron víctimas de “fuego amigo”. Un aspecto fundamental de aquella operación fue que las fuerzas israelíes contaron con una excelente información de los objetivos y la actividad de Hamás. Podemos sospechar que Israel contó con muchas fuentes palestinas que tenían ánimo de venganza. Un año antes Hamás se había apoderado por la fuerza de la Franja de Gaza tras un golpe militar que se saldó con el asesinato de miembros de Fatah.

En el siguiente reportaje de una televisión israelí se puede ver el ambiente relativamente relajado de las tropas israelíes en Zeitoun, al sur de la ciudad de Gaza. Vemos incluso una familia palestina que quedó atrás, lo que delata que el avance israelí fue muy rápido y por sorpresa. También vemos un túnel bastante primitivo comparado con los que hoy atraviesan la Franja de Gaza.

Seis años después de los acontecimientos que llevaron a Israel a lanzar “Plomo Fundido”, la capacidad combativa de Hamás ha aumentado. La permeabilidad de la frontera con Egipto ha permitido que en la Franja de Gaza entre toda clase de material. Desde cohetes sirios de largo alcance M302 suministrados por Irán a fusiles de asalto de fabricación belga FN F2000 procedentes de los arsenales del régimen de Gadafi, pasando por coches de lujo con matrícula libia.

Fusil FN F200 en manos del Movimiento de la Yihad Islámica en Gaza.

Fusil FN F200 en manos del Movimiento de la Yihad Islámica en Gaza.

Ya están lejos los tiempos en que los grupos palestinos de la Franja lanzaban cohetes semiartesanales, conocidos genéricamente como cohetes Qassam, con un alcance limitado y una precisión ridícula. Los grupos palestinos han recibido asesoramiento externo para la producción local de cohetes mucho más evolucionados como los M75 y J-80.

Lanzaderas de cohetes Qassam de Hamás.

Cohetes Al Nasser de los Comités de Resistencia Popular.

En estos últimos años los grupos palestinos se han dotado de cohetes ligeros de 107mm., cohetes tipo “Grad” de 122mm. y cohetes de largo alcance M302. Está confirmada la presencia de estos últimos porque ciudades como Tel Aviv y otras incluso más lejos están ahora bajo el alcance de los cohetes palestinos.

Tres cohetes palestinos disparados en dirección norte el 15 de julio. Al fondo una central eléctrica israelí al sur de Ashkelon. (Thomas Coex / AFP / Getty Images)

Los cohetes son armas sin sistema guiado y que se usan para ataques de saturación. Los convenios internacionales consideran un crimen de guerra el ataque a núcleos de población incluso en medio de ellos hay objetivos miliares, si se emplean armas carentes de precisión o se realizan ataques de saturación.

Principales tipos de cohetes palestino según las Fuerzas de Defensa Israelíes

Principales tipos de cohetes palestino según las Fuerzas de Defensa de Israel.

Distancias de las principales ciudades israelíes desde la Franja de Gaza

Distancias de las principales ciudades israelíes desde la ciudad de Gaza.

El armamento avanzado que reciben los grupos palestinos en la Franja de Gaza procede de Irán. Es desembarcado en Sudán y de allí sigue rutas tradicionales de contrabando que atraviesa la Península del Sinaí hasta Israel. En varias ocasiones la fuerza aérea israelí ha bombardeado objetivos en Sudán. Por ejemplo a principios de  2009 un convoy con camiones que presumiblemente transportaba armamento iraní fue bombardeado cerca de la frontera con Egipto. En 2011 y 2012 se repitieron episodios parecidos y mientras la atención mundial se centraba en Gaza, el pasado viernes 18 de julio explotó un almacén de armas al norte de Jartum, la capital de Sudán. La explosión se atribuye a una acción israelí para paralizar un envío de armas a Hamás.

Ahora mismo el gobierno egipcio de Al Sisi está tratando de mantener un control férreo de la frontera entre Egipto y Gaza. Armas y suministros probablemente estén entrado por los túneles que atraviesan la frontera entre Egipto y Gaza. Pero después de la caída de Mubarak se vivieron épocas de turbulencia y caos en la Península del Sinaí ya que es una zona desmilitarizada por los acuerdos de Camp David. Israel dio su autorización entonces para el despliegue militar egipcio en la zona.

Una gran diferencia entre “Plomo Fundido” y “Margen Defensivo” es el despliegue del sistema de defensa antimisil “Cúpula de Acero”. Ya se usó de forma extensa durante la Operación “Pilar Defensivo” en 2012. En aquel entonces se dijo que su efectividad era limitada y que ofrecía un efecto de “alivio psicológico” a la población israelí. Una afirmación que defendieron académicos del MIT en un artículo científico y que uno de los autores sostiene para la actual campaña de lanzamientos de cohetes palestinos. Me parece que es difícil llegar a conclusiones con información procedente de fuentes abiertas. Es dudoso que las autoridades de Israel ofrezcan los datos reales de su efectividad. Lo que sí es cierto es que el número de muertos y heridos entre la población israelí es muy reducida. Y se ha percibido un menor impacto en la vida económica de Israel.

Refugio en Sderot, la localidad israelí cercana a la Franja de Gaza más importante.

Hay quien achaca la menor letalidad palestina a que los israelíes han desarrollado una excelente defensa civil. En lugares como Sderot, cerca de la Franja de Gaza, las guarderías se construyen ahora con muros de hormigón y en la ciudad hay diseminados refugios de circunstancias para quienes una alerta por ataque de cohetes le pille en plena calle.

Lo más interesante desde el punto de vista militar se encuentra en qué está pasando en las áreas urbanas de Gaza, con los grupos palestinos empleando armamento avanzado, nuevas tácticas y una enorme preparación del terreno. Pero eso lo trataré en la segunda parte.

“Quieren la guerra” de Ilya U. Topper

En el infierno hay un lugar reservado para los compositores de temas de reggaetón, los guionistas de las teletiendas nocturnas y los análisis con ínfulas literarias del conflicto palestino-israelí. Ilya U. Topper ha perpetrado en MSur un artículo titulado “Quieren la guerra” que considero bastante cuestionable.

Quieren la guerra. El bombardeo de Gaza por parte de Israel no es un intento de acabar con Hamás. Tampoco es un error estratégico. Tampoco una reacción emocional desmedida. Ni siquiera una búsqueda de votos de la ultraderecha. Es un intento desesperado de supervivencia de Israel. Es un esfuerzo supremo de sembrar odio y garantizarse un ambiente lo suficientemente hostil como para que mañana sigan saltando chispas, muertos, cohetes, bombas. Para que nunca haya paz.

Israel no tiene otra opción: la paz se ha convertido en un peligro mortal para este Estado. No tendría que haber sido así. Pero durante décadas, sus dirigentes han llevado el país hacia un callejón sin salida, un estado de excepción al que sólo la guerra continua puede dar apariencia de normalidad.

Tiene gracia pensar que el autor está olvidando que Israel y Egipto firmaron los acuerdos de Camp David. El presidente egipcio Anwar Al-Sadat tras reconocer al Estado de Isael, lo visitó y dio un discurso en su parlamento. La paz de los valientes le costó la vida. Hoy un centro de estudios estratégicos en Israel lleva su nombre junto con el del primer ministro Begin. Israel evacuó sus ciudadanos de la península del Sinaí, que mantenía en su poder desde la Guerra del Yom Kippur en 1973. Al igual que en la desconexión de Gaza en 2005 hubo de emplear la fuerza para obligar a quienes se habían instalado allí abandonar sus casas y negocios. (Véase este reportaje de “Informe Semanal” de TVE de aquella época). Israel entregó a Egipto infraestructuras como la base aérea de Etztion, que se convirtió en el aeropuerto internacional de Taba. Ambos países mantienen hoy lazos económicos. Egypt Air inventó una línea aérea virtual, Air Sinai, para sus muy discretos vuelos a Israel. Egipto le vende a Israel el petróleo del Sinaí vía un oleoducto e Israel manda turistas. Ambos asuntos fueron noticia por los repetidos atentados yihadistas contra el primero ras la caída de Mubarak y por un atentado contra turistas en el Sinaí en 2004.

Por su parte, Israel y Jordania firmaron un acuerdo de paz en 1994 que formalizaba una relación de varias décadas. Aunque tras los acontecimientos del Septiembre Negro de 1970, cuando el rey Hussein de Jordania vio amenazado por una invasión siria solicitó ayuda militar a Israel. Desde entonces la familia real jordana visita Israel. Como dato curioso, la princesa Aisha, hermana del actual rey, visitó Israel de forma oficial en 1997 y 2000 en su condición de oficial del ejército jordano para interesarse por la incorporación de la mujer a las fuerza armadas israelíes. Por su parte, turistas israelíes visitan Jordania. Y cómo no, el asunto fue noticia cuando el grupo Monoteísmo y Yihad de Abu Musab Al Zarqawi (una de las primeras encarnaciones del actual Emirato Islámico) atentó contre el hotel SAS Radisson de Ammán en 2005, sin conseguir matar a un solo turista israelí. Murieron numerosos invitados a una boda, varios palestinos y varios árabes israelíes. Aquello, junto con las carnicerías provocadas por atentados contra lugares públicos en Iraq, contribuyó al desprestigio del yihadismo en las sociedades árabes.

En resumen Israel ha hecho las paces con acérrimos enemigos (con Egipto combatió en 1949, 1956, 1967 y 1973), ha evacuado la población de territorios y sin llegar a la vecindad que disfrutan países que trabajan por la integración regional, ha llegado a normalizar sus relaciones con algunos de sus vecinos. La diferencia fundamental es que Israel pudo hacer la paz con Egipto y Jordania porque son estados-nación cuyos gobiernos mantenían el “monopolio de la violencia legítima”, que decía Max Weber es la característica fundamental de un Estado. Cuando Sadat y Hussein firmaron la paz tenían la capacidad de hacer cumplir sus compromisos. Las autoridades palestinas nunca han podido sentarse a negociar con Israel representando a la voluntad colectiva. Nunca han tenido el monopolio de la violencia y temen correr la suerte de Sadat. Siempre habrá un grupo más radical aún que Hamás dispuesto a llamar traidor a quien negocie con Israel. Los isralíes se preguntan ¿dónde está el Sadat palestino?


De niño encontré en un libro escolar alemán sobre Geografía de los años setenta un esbozo de las dos posibles soluciones del conflicto: Convertir el territorio de la histórica Palestina en un Estado “binacional” en el que todos los ciudadanos gozaran de los mismos derechos, o bien establecer dos Estados, uno para los judíos y otro para los palestinos, tal y como planteó la ONU en 1948, aunque llevándose el bando judio un territorio sustancialmente mayor que el originalmente adjudicado.

Curiosamente, el autor citado, israelí a juzgar por su apellido, se permitía el lujo de añadir que no creía en ninguna de las dos soluciones.  Desde entonces he cavilado cuál era el futuro que sugería el ensayista. Obviamente era el de mantener el conflicto sin resolver.

La primera solución, por la abogan numerosos palestinos, pero también grandes intelectuales israelíes como Ilan Pappé, significaría el fin de Israel tal y como fue planteado por el sionismo hace un siglo: un hogar exclusivo (o casi) para judíos, o para lo que las autoridades de ese Estado entiendan como “judíos”. Sería simplemente un país más. Un país normal.

Un estado binacional a día de hoy es inviable no por cuestiones étnicas o religiosas, sino porque sería imposible unir a dos sociedades con un desarrollo político, económico y social tan desigual. Hamás creó en Gaza el Comité para la Propagación de la Virtud y Prevención del Vicio, como en Arabia Saudita o el Afganistán de los talibán. Tel Aviv en cambio es un destacado destino gay en el Mediterráneo. Las mujeres palestinas son asesinadas en “crímenes de honor”. En los territorios palestinos a día de hoy no hay democracia. Las elecciones legislativas palestinas de 2006 fueron ganadas por Hamás con el voto incluso de palestinos cristianos que castigaban así la rampante corrupción en la Autoridad Palestina. Entonces el presidente Mahmud Abás suspendió la democracia palestina, tal como hicieron los generales argelinos en 1992 ante el avance del islamismo. El plan de paz israelí incluía que Cisjordania creciera al norte absorbiendo las localidades árabes israelíes en lo que se conoce como  “el Triángulo”. Surgió un problema. Más del 80% de lo habitantes de una localidad de la zona no quieren ser ciudadanos de un estado palestino. Cuando se les preguntó la razón, más de la mitad contestaron que preferían vivir bajo “un sistema democrático con un estándar de vida alto”.


El sionismo fue un afán comprensible a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando estaban en boga las ideologías nacionalistas, decididas a construir Estados con una única “etnia”, alemana, húngara, turca, armenia, kurda… Que el mito bíblico de una descendencia genética común del “pueblo” judío, míto comparable a la virginidad de María o la existencia eterna del Corán, se encuadrara en este nacionalismo como si fuera una realidad histórica, es una de las mayores paradojas de la Historia; sería el mayor ridículo que haya hecho la humanidad, si sus resultados no fueran tan sangrientos, si no se lo hubiesen tomado en serio Hitler y sus secuaces.

Pero tras un siglo de doctrina sionista, esta convicción de necesitar un “Estado judío” es tan arraigada que es imposible dar marcha atrás, argumenta Uri Avnery, gran camarada de Pappé en el Qué y gran adversario suyo en el Cómo. Queda la otra solución, la biestatal, fácil, rápida, al alcance de mano, aprobada por la comunidad internacional, por Estados Unidos, por la UE, por la Liga Árabe, por la Autoridad Palestina y, con ciertas reservas perfectamente superables, hasta por Hamas. De boquilla, incluso por Israel.

¿Por qué no se lleva a cabo, pues? ¿Por qué, en lugar de irse evacuando a los 250.000 colonos extremistas de los Territorios Ocupados de Cisjordania, primer paso para devolver una coherencia territorial a una futura palestina, el Gobierno de Israel financia y protege, con enormes fondos y mayores despliegues militares, estos asentamientos cuya existencia es un crimen de guerra según la Convención de Ginebra? ¿Por qué Israel se niega en las negociaciones a definir cuáles serán sus fronteras?

Las negociaciones entre palestinos e israelíes en los últimos años han partido de la base que la solución al conflicto pasa por la creación de un estado palestino. El entonces presidente Peres lo dejó claro: La opción para la paz es crear un Estado palestino. El debate son las condiciones. La oferta israelí es que Cisjordania y Gaza quedaría unidas por una carretera tal como Berlín Occidental estuvo conectada con la República Federal Alemana en tiempos de la Guerra Fría. Israel se anexionaría ciertos barrios de Jerusalén junto con ciertas comunidades judías que están más allá de las líneas de armisticio de 1949 (lo que la gente llama “las fronteras de 1967″) y compensaría a los palestinos ampliando el territorio de Gaza y Cisjordania a costa de territorio israelí de igual superficie. Lo sabemos por los papeles filtrados de la parte israelí y de la parte palestina.

Una reportera de El País visitó a la población israelí de lo que se conocen como los “asentamientos de Cisjordania” (perdonen que no encuentre el enlace). Se encontró que un tercio vivía allí porque era mucho más barato que dentro de las fronteras de 1967. De hecho el encarecimiento de la vivienda fue uno de las quejas de los “indignados en Israel”. Otro  tercio se había ido a vivir allí porque formaba parte de una comunidad religiosa y sus líderes se habían establecido allí. De trasladar la comunidad a otro lugar, declaraban que no tendrían problema en irse. Sólo el tercer tercio estaba allí con el propósito expreso de vivir en lo que había sido tierras ancestrales de los judíos y mencionaban motivos religiosos para su decisión. Para los dos primeros grupos la idea de trasladarse a vivir a otro lugar no suponía ningún problema.

Está claro que la expansión de las poblaciones israelíes en Cirjordania han sido un giro de tuerca a los palestinos tras el fracaso de cada ronda de negociaciones de paz. Alguien decía que nunca te levantes de una mesa de negociación si no puedes volver a ella desde una posición más fuerte. Los palestinos se han levantado varias veces y su posición es cada vez más débil. Primero el perímetro de seguridad entre Israel y Cisjordania redujo la capacidad palestina de cometer los brutales atentados de la Segunda Intifada. El sistema “Cúpula de Hierro” junto con mejoras de los protocolos de la defensa civil israelí ha recudido las víctimas mortales de los cohetes lanzados desde Gaza. Cuando visité Israel a finales de 2010, el país celebraba el récord de visitas de turistas mientras la economía de Cisjordania prosperaba. En algunas zonas empezó a desmantelarse el muro de protección o cambiarse su trazado, reduciendo el impacto en las vidas de los palestinos. Pero tras el conflicto armado entre la Autoridad Palestina y Hamás en 2007, Hamás puso como condición para la reconciliación el cese del pragmático ministro Salam Fayad, empeñado en construir un país antes de proclamar un estado. Tuvimos la ofensiva de cohetes palestinos previos a la Operación “Pilar Defensivo” y esta que arrancó en junio.

Una reflexión final en forma de pregunta, ¿por qué esta clase de artículos nunca incluyen un análisis de la dinámica interna de Hamás? Las retiradas unilaterales israelíes del Líbano en 2000 y de Gaza en 2005, no trajeron la paz. Sería caer en la obviedad de descubrir que Hamas considera su fin último destruir Israel. “Israel existirá hasta el día que lo destruya el Islam” aparece en los preámbulos de su Carta Fundacional.


Porque el establecimiento del Estado palestino acabaría con la guerra. Y es lo único que Israel no se puede permitir: renunciar a la guerra.

Porque Israel no es un país normal. Ha elegido no serlo. Ha elegido ser un país exclusivo para un colectivo que por imperativo religioso se cree una “etnia” en lugar de saberse un colectivo religioso. Y que de tanto confundir etnia con religión, biología con biblia, cromosoma con dios, ha acabado bifurcado en una teocracia agnóstica.

 Para ser un Estado judío, Israel tiene la extraña peculiaridad de ser un país multiétnico y multiconfesional. Viven allí judíos, musulmanes, druzos, circasianos, cristianos maronitas, cristianos armenios y practicantes de la fe bahá’i, entre otros. Los árabes-israelíes constituyen la quinta parte del país y (que me corrija alguien si me equivoco) deben ser los árabes que han disfrutado por más tiempo derecho a voto en elecciones libres en todo Oriente Medio. Su número ha crecido del 12% en el momento de la creación del Estado de Israel al 21% actual. Druzos y circasianos cumplen el servicio militar obligatorio. Los primeros tenían restricciones dentro de las fuerzas armadas para lograr acceso a puestos que requieren una habilitación de seguridad. Tras una campaña para su eliminación, hoy hay druzos que son pilotos de combate y comandante de buques.

Hago énfasis en la integración en las fuerzas armadas porque jurar bandera y estar dispuesto a morir por el país me parece un grado superlativo de identificación con un Estado. Majalli Wahabi, un druzo, ocupó el cargo de Presidente de Israel de forma interina en 2007. Como conté aquí una vez, en la campaña de ataques con cohetes de Hezbolá contra núcleos de población civil israelíes en 2006 un tercio de las víctimas fueron árabes israelíes. Árabes matando árabes de forma indiscriminada. Desde aquel momento comenzó un aumento del número de árabes israelíes (cristianos y musulmanes), principalmente de las zonas afectadas por los cohetes de Hezbolá, que se han presentado voluntarios para servir en las fuerzas armadas israelíes. Son pocos de momento pero en las entrevistas todos repiten los mismos argumentos. Hablaban de querer defender “su país” que había sido atacado desde fuera, sentían la necesidad de sentirse un ciudadano más, de devolver lo que habían recibido del Estado…

“¿Ves a éstos? Los de negro. No, a éstos nunca los monto en autostop. Los odio.Muchísimo más que a… más que a los árabes no puedo decir, porque a los árabes no los odio”. El viejo kibbutznik Uri hizo un movimiento de mano hacia unos jóvenes en el arcén de la carretera, vestidos de negro, con sombreros negros sobre los rizos de las sienes. Ultraortodoxos. Haredim, se llaman en Israel. Una secta nacida en la Europa oriental del siglo XIX, los haredíes eran los mayores adversarios del sionismo agnóstico, pero una vez establecido Israel fueron aprovechándose del atractivo económico de un Estado dedicado a subvencionar a todo judío que quisiera asentarse en su territorio. Tienen tanto en común con un israelí de Tel Aviv como un talibán afgano con un alemán, salvo que no abogan por la lucha armada. Por la lucha, sí: en sus barrios, nadie debe romper las normas que consideran judías. Con una media de seis o siete hijos por familia, sus barrios se extienden cada día, sobre una alfombra roja extendida por los políticos que cortejan su fuerza de votos.

No habrá que esperar hasta dentro de medio siglo, cuando según la curva demográfica serán mayoría. Mucho antes, numeroso israelíes laicos, hartos de que se les escupa a sus hijas si no van con manga larga en verano, se irán, primero de Jerusalén, luego del país. Tel Aviv quedará como un gueto de laicos, un reducto de quienes se consideran los herederos del sionismo verdadero, la ideología agnóstica, marxista, que quiso crear un “nuevo judío” sin rezos ni sombreros. “En el kibbutz nos duchábamos juntos chicos y chicas. Estos están poniendo playas separadas para hombres y mujeres”, decía Uri. El que los haredíes se hagan con el país fundado por quienes quería querían acabar de una vez por todas con los rabinos y las sinagogas, es otro de los tristes chistes de la Historia.

Uri sacó una conclusión: “Si los árabes fueran listos, se quedarían quietecitos unos años. Sin atentados suicidas. Entonces, sin esa continua presión de un enemigo común, empezaríamos a ocuparnos de nosotros mismos. Y nos daríamos cuenta de que nuestras sociedades son irreconciliables. Estallaría la guerra civil”.

Ultraortodoxos. Los hombres de negro. Pregunte a un español sobre Israel, el país que ganó 16 años antes que Austria el festival de Eurovisión con una artista transexual, que imagine al israelí medio y aparecerá con la imagen de los ultraortodoxos. Como aquel vídeo del programa de Buenafuente en que el actor Edu Soto interpretaba a “Rabin Bisbal”, el ganador de la versión israelí de “Operación Triunfo”. O aquella otra viñeta de Manel Fontdevila.

Ahora vayamos a los datos. Los judíos ultraortodoxos son el 11,7%. Es decir, la mitad de la población árabe-israelí. Dada la alta tasa de natalidad de los judíos ultraortodoxos, en las cohortes demográficas más jóvenes hasta los 20 años representan el 29%. Es decir, están lejos de ser una mayoría del país. Los judíos ultraortodoxos son tan relevantes porque el sistema electoral de circunscripción única con el que se elige el parlamento israelí atomiza el voto y convierte a los partidos pequeños en bisagra. Su crecimiento les impedirá por más tiempo sostener su condición minoría a ser protegida mediante subsidios del Estado. Tras la destrucción de la cultura judía europea en el Holocausto, el primer gobierno del recién nacido Estado de Israel decidió subvencionar a los ultraortodoxos como guardianes de las esencias del judaísmo. En su mayoría no trabajan, reciben subsidios del Estado y no hacen el servicio militar. Esto último va camino de acabar. Israel no podrá permitirse sostener a un sector improductivo de su población cada vez más grande. Tarde o temprano a los ultaortodoxos tendrán que trabajar y se verán obligados a una transición demográfica hacia familias nucleares de pocos hijos.

Además, Israel no es sólo Tel Aviv y Jerusalén, ni siquiera los asentamientos más allá de la línea del armisticio de 1949. Israel es también el aérea metropolitana de Haifa. En Haifa, ejemplo de convivencia entre judíos y árabes, dos tercios de la población se consideran judíos seculares. Un último apunte sobre fanatismo religioso. En las elecciones legislativas palestinas de 2006, las últimas antes de la suspensión de la democracia palestina, ganó Hamás. A lo mejor también habría que estudiar lo que pasa en el lado palestino para entender la perpetuación del conflicto.

Este diálogo tuvo lugar en 2001. Desde entonces han cesado los ataques suicidas. Cisjordania está quieta, aguantando en silencio los crímenes diarios de los colonos – criminales de guerra según la ley internacional – y sólo Hamas le daba un poco de esperanza a Israel, un poco de la violencia cotidiana que necesita para sobrevivir. Hasta que, a primeros de junio, se acabó lo que se daba: Hamas dio su acuerdo a un gobierno de unidad palestina, sin exigir siquiera una participación efectiva. La paz parecía a la vuelta de la esquina. ¡Alerta roja!

A todo eso, encima Irán, que tantas veces ha servido de espantapájaros para la esquiva paloma de la paz, con media Europa prediciendo por cuarta, quinta y sexta vez el ataque inmediato e inevitable, está ahora tomándose cafés en Viena, con Bruselas certificando una “buena atmósfera” en las negociaciones nucleares. La situación parecía desesperada.

Nunca sabremos quién dio días después la orden de secuestrar y asesinar a tres adolescentes israelíes en una carretera de Cisjordania, rodeada por unidades militares israelíes. Sí sabemos que el Gobierno israelí utilizó ese secuestro, ocultando que ya se había verificado la muerte de los jóvenes, para construir una campaña de odio contra “los árabes” que habría hecho sonrojarse a un fascista veterano y para lanzar una campaña de detenciones, robos, saqueos y asesinatos por toda Cisjordania. Sin éxito. Sólo tras un bombardeo aéreo que mató a siete miembros de Hamas, por fin la milicia de Gaza empezó a lanzar cohetes. ¡Eureka!

Por fin, Israel pudo volver a afianzarse. Mesarse los cabellos por estar obligada a “vivir bajo la amenaza yihadista”, invocar el “derecho a autodefensa”, ponerle sirenas de alarma como música de fondo al adoctrinamiento de los niños en los colegios y a las colectas de dinero en Estados Unidos – done un búnker – , en fin, volver a respirar con alivio.

 Toda esta larga parrafada se sustenta en la más elemental ignorancia de los acontecimientos de los últimos dos meses. La ofensiva de Hamás con cohetes lanzados contra Israel no arrancó tras los acontecimientos de la muerte de tres chicos judíos y un chico palestino a manos de radicales de la otra comunidad. Comenzó antes, en el mes de junio y tuvo otra fase previa en abril. Si repasamos fechas, el acuerdo de reconciliación entre Fatah y Hamás se firmó el 23 de abril. Así que, suponiendo que las negociaciones previas se desarrollaron a lo largo de abril, Hamás estuvo lanzando cohetes contra Israel mientras sus representantes negociaban con el partido del presidente Abás. En el mes de mayo apenas hubo lanzamientos. Luego, tras la toma de posesión de un nuevo gobierno palestino el 2 de junio empezó otra campaña de lanzamiento de cohetes de Gaza contra Israel.

La conclusión evidente es que los ataques de Hamás contra Israel estás relacionadas con cuestiones internas palestinas. ¿Una facción de Hamás quería descarrilar las negociaciones? ¿Hamás buscaba una respuesta israelí para consolidar su prestigio frente al acomodaticio gobierno de Fatah? Lo interesante es que para Ilya U. Topper aquí el país agredido es el agresor. Aunque no sabemos si ha omitido acontecimientos para sacar sus conclusiones preestablecidas o porque desconoce lo que ha estado pasando en la zona en los últimos meses. No Jews, no news!.


Porque así funciona el círculo vicioso que mantiene con vida al Estado, a sus elites políticas, a sus industrias armamentísticas, a sus lobbies internacionales, a sus ciudadanos con tanta afición a la ceguera: Israel mata a unos cientos de palestinos, suscita algunas condenas internacionales, unas cuantas manifestaciones y con suerte, editoriales en la prensa, y puede afirmar con orgullo que “todo el mundo está en contra de Israel”. Y si todo el mundo está en contra de Israel, evidentemente la culpa es del mundo que no soporta la existencia de Israel y estará en contra de Israel para los siglos de los siglos, amén. De manera que toda cosa llamada Naciones Unidas y toda convención de Ginebra no son más que ardides para acabar con Israel, así que no cumplir con nada de lo que digan es la única vía recta para el pueblo elegido.

El problema aquí es que los estallidos emocionales que la gente ha tenido en público a causa de los últimos acontecimientos en Gaza no son contra Israel, son contra los judíos. Las manifestaciones en París en contra de Israel se saldaron con dos sinagogas y un supermercado kosher atacados. En España, bastó que el Maccabi de Tel Aviv ganara la final de un trofeo al Real Madrid para leer referencias a las cámaras de gas. Los exabruptos en medios de comunicación, ahí está esa infame columna de opinión de Antonio Gala, o en las redes sociales reflejan que cuando rascas en los españoles encuentras los mismo prejuicios atávicos que hacen mención a la usura o el niño mártir San Dominguito de Val. No hemos llegado a Der Stürmer. Seguimos en la Edad Media. Pero como antes, Ilya U. Topper, invierte el orden de los elementos. No se trata de que Israel necesita ser odiado para justificar su existencia. Israel ha hecho las paces con quien ha querido hacerlo pero sigue en conflicto con Hezbolá y Hamás, cuya ideología se nutre del odio a Israel. Hezbolá se inventó un conflicto territorial con Israel para justificar seguir siendo una organización armada, contraviniendo la Resolución 1559 de Naciones Unidas que llamaba al desarme de las milicias libanesas. Sin Israel, Hezbolá tendría que ser un partido político normal. Sin Israel, la verdadera naturaleza de Hamás como un grupo islámico radical, que oprime su población como los talibán en Afganistán o el Emirato Islámico en Siria, sería evidente.

Lo del pueblo elegido sólo lo dicen los rabinos, desde luego. Los ministros se contentan con invocar la divinidad del “antisemitismo”, en cuyo altar se sacrificarán cientos de niños palestinos. Porque sólo el Antisemitismo, con mayúscula, es lo que justifica la existencia de un país declarado “hogar judío”.

Si este círculo vicioso se rompiera, se podría descubrir que en el último medio siglo, el mundo ha aprendido a prescindir de mitos bíblicos y que el concepto de un Estado “étnico” no es acorde a la Carta de Derechos Humanos. Que los fundamentos del sionismo – la ficción bíblica de que un tal Dios prometió a “los judíos” una tierra situada entre Jordán y Mediterráneo, y su derivado seudocientífico de un “pueblo judío” dispersado desde esta tierra por el resto de países – no son más que una estafa. Que Israel es un anacronismo.

Claro que la existencia de Israel se justifica, desde el punto de vista del derecho internacional, simplemente con su existencia: sería contrario a los derechos humanos de sus ciudadanos si alguien quisiera forzarles a disolver su Estado. Pero Israel no puede permitirse el lujo de reconocer el concepto de derechos humanos mientras insista en otorgar más derechos a un neoyorquino con abuela judía que a un nativo que no tenga abuela judía.

Tal y como está planteada ahora, Israel es un Estado imposible, porque sus ciudadanos no son quienes lo habitan sino quienes son afiliados de una religión determinada, aunque no se la crean siquiera. Es decir, sus ciudadanos son personas de todo el planeta siempre que así lo definan los rabinos de Israel: una especia de teocracia cósmica.

Esta paradoja quedará en evidencia y quedará en ridículo al firmarse la paz. Israel tendría que reinventarse como país democrático, es decir, renunciando al sionismo como ideología oficial. Algo que es más difícil con cada día que pasa, cada día en el que se adoctrina a los niños en el colegio, se les enseña a adorar las armas y saberse el pueblo elegido. De manera que el círculo vicioso ha de seguir.

Pero nadie se puede bañar dos veces en el mismo río de sangre y nada en el cosmos descríbe círculos: todo avanza en espiral. Una espiral de violencia que con cada nueva vuelta tendrá que ir a más para producir el mismo efecto de rabia, furia y odio en el resto del mundo y el mismo nivel de nacionalismo fanático entre sus ciudadanos, rodeados – eso creen – de hordas antisemitas. Entre ese nacionalismo fanático armado, dispuesto a quemar vivos a “los árabes”, y el fanatismo religioso de los haredíes, dispuesto a borrar a las mujeres hasta de las fotografías, se halla el futuro de Israel.

Donde acabará la espiral no es fácil de predecir. Pero no será un espectáculo bonito. En todo caso, su fin no será la desaparición del pueblo palestino. Será el suicidio de Israel.

Israel permite inmigrar libremente a judíos de todo el mundo y no permite el derecho del retorno de quienes abandonaron sus casas en la Guerra de Independencia (1948-1949). Puede ser injusto, puede ser terrible. Pero no es muy diferente a la práctica mayoría de los países que favorecen la inmigración con un cierto perfil y se limita otra. Por ejemplo, se favorece la inmigración de personas con un cierto nivel académico (licenciados, doctores…) o determinadas cualificaciones profesionales (ingenieros, médicos…) Sucede en Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos o Australia.

El asunto de los palestinos que abandonaron sus hogares en la Guerra de Indepenencia de Israel (1948-1949) es uno de los asuntos centrales de las negociaciones de palestinos e israelíes. No lo obviemos ni desdramaticemos. Pero tiene una singularidad. Son los únicos refugiados que han transmitido su condición a sus hijos y nietos. Como vimos en mis comentarios al artículo de Olga Rodríguez “Israel, Palestina: Cómo empezó todo”, los refugiados palestinos son los únicos refugiados de aquel conflicto que no que recibieron la ciudadanía de los países que los acogieron. Quedaron en un limbo y su casusa fue empleada como bandera por los tiranos de Siria, Libia, Iraq e Irán. Durante décadas se dijo que el principal conflicto de Oriente Medio era el conflicto palestino-israelí. Que el mundo árabe mantenía un resentimiento a Occidente por su apoyo a Israel. La resolución del conflicto limaría el “choque de civilizaciones”. Desde 2011 hemos visto arder el mundo árabe de punta a punta sin que tenga nada que ver las causas con Israel.

El argumento principal aquí es que Israel provoca odios para justificar la existencia de un país que haga de refugio para los judíos del mundo. Cuando llegue la paz, todo el mundo dejará de odiar a los judíos y entonces habrá cesado la razón de existir de Israel. El país colapsará, los israelíes se revolcarán en el suelo presos de una paradoja ontológica. Menuda huera traca final. Un despliegue de pirotecnia verbal pretendidamente literaria y profunda que comete la perversión de proyectar en los israelíes todos las acusaciones que podríamos hacer al bando opuesto: Fanatismo religioso, falta de democracia, fanatización y adocrinamiento…

El día que cese el conflicto, los palestinos tendrán que construir un país. Entonces se mirarán en el espejo y se tendrán que hacer preguntas difíciles. Alguien tendrá algún día que preguntar por el destino de las ayudas occidentales, por el enriquecimiento de los líderes palestinos y por la falta de libertades políticas. Ser pesimistas sobre el futuro de los palestinos cuando no se pueda culpar a Israel no es mal augurio. Ya ocurrió. Israel se retiró de Gaza en 2005. Evacuó su población de allí y se retiró hasta las “frontera de 1967″. ¿Qué ocurrió? Los palestinos se terminaron matando entre ellos dos años más tarde. Los fanáticos islámicos de Hamás contra los corruptos gobernantes de Fatah. Al final, Palestina no es tan diferente de Libia, Siria o Iraq. La “ocupación israelí” ha sido la gran excusa para mantener a los palestinos oprimidos por organizaciones beligerantes o para mantenerlos en campamentos inmundos en lugares como Líbano o Siria. Cuando son machacados allí, nadie protesta. No Jews, no news.

Y aquí señores, termino con otro artículo de una publicación española sobre el conflicto palestino-israelí. Ha resultado aburrido y agotador. Además, sé que es inútil. Hablar del conflicto es entrar en un diálogo de sordos. Cada cual lee lo que refuerzas sus prejuicios. Creo que escribiré un texto didáctico sobre crímenes de guerra a propósito de Gaza y puede que una reflexión general sobre el conflicto. Después de eso espero no tratar más el conflicto palestino-israelí aquí. Me limitaré a tratar los aspectos vinculados con el origen de este blog. Es hora de volver a las Guerras Posmodernas.

De 0 a 3.718 metros

Algún lector veterano recordará que he publicado aquí mis impresiones personales de viajes, desde Israel a Buenos Aires. Es un vestigio de aquellos tiempos en que escribía un blog personal, aunque siempre he mantenido la esperanza de que algún día haré un viejo que me aporte experiencias relevantes a la reflexión sobre las Guerras Posmodernas. Es de los pocos off-topic que me permito aquí. Y hoy voy a permitirme otro aún mayor.

Si alguno ha curioseado mi galería de fotos de Flickr verá la extraña paradoja de que la URL incorpora el nombre “Guerras Posmodernas” pero su contenido tiene poco que ver con ellas. La creé cuando mostrar fotos en el blog era complicado. En aquellos tiempos había que hacer “hotlinking” o recurrir a Imageshack. Luego, la tarea se vio facilitada por la evolución del motor de WordPress y la galería perdió el sentido con el que fue creada. Así, últimamente mi galería de Flickr alberga principalmente las fotos de mis viajes desde 2003 y las fotos de las rutas de senderismo que he hecho en estos últimos tres años.

Y si hoy cuento esto es porque el pasado día 12 de octubre realicé una de las rutas más especiales que se puedan hacer en España: La “0-4″, que consiste en ascender desde el nivel del mar en la Playa del Socorro (Los Realejos) al pico del Teide (3.718m.) en un solo día.

Mi aventura arrancó con otros ocho senderistas a las 06:20 de la mañana. El grupo de cabeza llegamos a la Cruz de Fregel en la montaña de la Fortaleza (2.088m.) a las 11:38 minutos. Es el punto en el que la línea naranja desaparece durante un segmento corto en la imagen anterior. Allí fuimos recibido por tres amigas que se encargaron del reavituallamiento y nos despedimos de tres compañeros que se habían marcado como reto llegar desde la Playa del Socorro al Parque Nacional del Teide. Continuamos la marcha los seis restantes. A las 15:08 comenzamos la ascensión al Teide desde su base por el sendero que arranca en Montaña Blanca. Sólo hicimos una parada seria en el Refugio de Altavista (3.270m). El primero del grupo hizo cumbre a las 18:11 y yo lo hice en torno a las 18:45.

Pero tras 12 horas 25 minutos de ascenso, la jornada no había llegado a su fin. Tocaba descender hasta el aparcamiento al pie de Montaña Blanca. Se hizo la oscuridad poco después de la ocho, cuando en mi descenso llegué a la altura del Refugio de Altavista. A partir de ahí usé frontal en lo que a ratos era un camino de cabras. El recorrido se hizo muchísimo más fácil al llegar a la base del Teide, donde arranca una pista que conduce al pie de Montaña Blanca. Llegué al aparcamiento a las 22:05, terminando así una aventura de 15 horas y 45 minutos que dejé inmortalizada en el siguiente vídeo.

Postales del futuro

Pues ya estoy en casa tras pasar unos diez días entre Madrid y Bilbao. Arrancó mi periplo en Madrid, ciudad que no había pisado en seis meses. Se me hizo extraño sentirme un visitante en una ciudad que fue mi hogar durante siete años. Los comercios siguen llenos pero los pedigüeños profesionales han sido sustituidos por gente común. Quizás fue el contraste de que varios días antes del viaje me encontraba en la playa, pero me sentí en una ciudad inhóspita.

Jorge Jiménez aprovechó mi paso por Madrid para que con carta blanca hablara a sus alumnos de la asignatura “Cultura digital/empresas culturales” en la Universidad Europea de Madrid. Ya que Jorge les había hecho leer La Tercera Ola de Alvin Toffler me referí a la posterior trilogía La Era de la Información de Manuel Castells y el secreto que ambos ocultan. Dos obras, una de prospectiva y otra de análisis sociológico, que hablan de nuestro presente y son herederas intelectuales de la perspectiva materialista de Karl Marx. Tras años de universidad oyendo hablar de lo mismo hasta detestarlo, me vi a mí mismo hablando de la infraestructura material y la superestructura ideológica-política para reflexionar sobre la contradicción entre el nuevo mundo de la sociedad red y el viejo mundo de la era industrial. El hilo de la exposición me llevó a hablar del periodismo, la desintermediación, la búsqueda de nuevos nichos de mercados, la larga cola y la financiación con aportaciones individuales. Considerando que Jorge les había hecho leer La ética del hacker y el espíritu de la era de la información de Pekka Himanen les animé a que buscaran aquel campo de la información que les genera pasión para que se convirtieran en periodistas especializados en un tema del que sean expertos. Lo mejor, evidentemente dado el bagaje de lecturas, fueron las preguntas posteriores.

Acudí días después Bilbao invitado por el Grupo Cooperativo de Las Indias, que en su nueva etapa como parte del grupo NER ha alumbrado Fondaki. Se trata de una empresa dedicada al análisis de inteligencia pública con cuyos miembros pasé un par de jornadas. En el actual contexto económico, las empresas del grupo NER están volcadas con los mercados global y la perspectiva que aporte Fondaki se volverá sin duda imprescindible pronto. Tuvo ocasión también de ver la vida nocturna de Bilbao entre semanas y hasta de poder dar un paseo largo por mi cuenta una mañana sin mirar el plano que llevaba en el bolsillo. Bilbao es un lugar lleno de posibilidades.

http://www.flickr.com/photos/guerrasposmodernas/8150691401/in/photostream/

El 34º oriental

En la madrugada del miércoles 14 sentí una punzada en el estómago al irme a la cama. Horas más tarde empezaba mi viaje de vuelta a Canarias y sentí próximo el estallido de la burbuja en que había vivido aislado en Uruguay durante semanas.

Había conservado desde 2009 buenos recuerdos de Uruguay porque, a pesar de la necesidad de soltar lastre, arrancar páginas de tu propia historia sólo consigue vaciar el libro de tu vida. Corría el riesgo de volver a Uruguay para encontrarme la cara real de un país que mitifiqué tras aquellas primeras impresiones y encuentros con gente sencilla y amable que me llevaron de vuelta a casa y la infancia.

Esta vez he pasado varias semanas en Uruguay gracias al Grupo Cooperativa de Las Indias y he descubierto un país con síndrome de Peter Pan que se niega a crecer por miedo a perder la inocencia y bondad por el camino. Un país donde es difícil sentirme un extraño, las barreras caen pronto y en donde el calor de los amigos, que se hacen enseguida, se siente próximo.

Palacio LegislativoUno percibe en Uruguay que hay mucho por hacer mientras el país busca su lugar en el mundo. Y allí, imaginándome un futuro que incluya visitas a la librería Puro Verso en la peatonal Sarandí, paseos al atardecer por la Rambla y risas con los amigos en torno a unas cervezas, pensé en lo que supone la experiencia del emigrante desde el otro lado del espejo. ¿Aceptaría el funcionario detrás de la ventanilla como pruebas de mi arraigo en el país mi adicción a los alfajores, el número de ejemplares de La Diaria leídos y mi conocimiento de los medios acorazados del Ejército Nacional Uruguayo? ¿Habrá lugar en los formularios para precisar los abrazos, las risas y los afectos compartidos? Las fronteras se vuelven entonces ajenas y arbitrarias.

Al final, el Río de la PlataAhora estoy de vuelta en casa tras pasar por Madrid, que de pronto vuelve a ser la tierra de las oportunidades (crucemos los dedos). Queda mucho por hacer y contar.

Pisando las calles de Montevideo

Esta mañana acudí al Museo Pedagógico “José Pedro Varela”, que debe su nombre al reformador pedagógico y padre de la escuela pública uruguaya libre, gratuita y obligatoria. Allí tuvo lugar un Encuentro Interinstitucional organizado por la Policía Comunitaria de la Seccional 3ª de la Jefatura de Policía de Montevideo. La Policía Comunitaria fue introducida en 2009 en Uruguay como una policía de barrio con carácter preventivo en el que unos pocos agentes especialmente escogidos en cada comisaría se encargan de tener una relación estrecha con los vecinos.

Las jornadas comenzaron con dos charlas sobre lo que en Uruguay se llama personas en “situación de calle”, personas sin hogar que viven en las calles. Habló primero el psiquiatra Esteban Acosta, del Ministerio de Desarrollo Social y Jorge Cuello, de la Intendencia Municipal de Montevideo. Tras la pausa hubo una presentación de la cooperativa de ahorroy crédito COSSAC, que colaboraba en la organización del evento, a cargo de Martín Piovano. A continuación hablaron dos funcionarias del Poder Judicial que trabajan en los Centros de Mediación, que sirven como instancia para la resolución de conflictos antes de llegar a la vía penal. El sociólogo y activista social que hay en mí siguió las charlas con interés. Me trajo a la memoria mis tiempos de voluntario en cooperación internacional donde personas cercanas en la misma ONG trabajaban con los “sin techo”. Y evidentemente estar en unas jornada de formación para más de medio centener de policías y poder escuchar sus preguntas, incluyo aquellas sobre protocolos de actuación, se convirtió una situación privilegiada para conocer mejor los entresijos de la sociedad uruguaya.

Para los temas que en este blog abordo la charla más relevante fue la última. La dio el policía Mario Vásquez (siento no haber apuntado su rango) que, teniendo una audiencia formada por agentes de policía que no necesariamente estaban vinculados con la Policía Comunitaria, explicó el método y sistema policial que la inspiró, los de Robert Peel y no los de Rudolph Gulliani o William Braton. Habló de las Escuelas de Seguridad Ciudadana, donde se forman a los Promotores de Seguridad Ciudadana escogidos primeros entre líderes vecinales. Y lanzó un discurso motivacional a los Policías Comunitarios presentes.

Los principios de la Policía Comunitaria me recordaron la filosofía de trabajo sobre el terreno presente en el “Surge” de Iraq de 2007. En términos militares, diríamos que la labor en las calles de creación de vínculos de confianza con los vecinos que termina generando canales de información se puede equiparar a las tareas militares CIMIC y HUMINT. Tuve oportunidad de comentárselo al conferenciante a la salida y estoy seguro que la doctrina militar de contrainsurgencia tiene mucho que aprender de la labor policial en los barrios.

Cerró la jornada el comisario inspector José Luis Rondán, portavoz de la Jefatura de Policía de Montevideo. Me quedé con la impresión de que la Policía Comuitaria es una línea de trabajo reciente pero que sin duda ha sido el resultado de un reflexión previa bastante seria y que supone un serio avance en la modernización de los sistemas policiales del país.

Tuve ocasión de charlar tras las jornada con Martín Piovano, que me atendió amablemente en su despacho de la sede de COSSAC. Y me vi entonces en el centro de Montevideo en un día de primavera estupendo que aproveché para caminar mucho bajo el sol, comprar otras vez libros en Puro Verso en la peatonal Sarandí, visitar librerías de segunda mano y hacer unas cuantas fotos, donde se aprecia mi fascinación por el Palacio Legislativo y la Torre Salvo.

Artigas y Torre Salvo

Voy a echar Uruguay de menos.

Montevideo en primavera

Llegué a Montevideo en una primavera extraña de días de calor bochornoso que finalmente reventaron por sorpresa en lluvia y viento anunciados por relámpagos que iluminaban el cielo en los cuatro puntos cardinales. Hoy por fin hacía un día primaveral.

Pisé por fin a Uruguay por segunda vez en mi vida hace más de una semana invitado por el Grupo Cooperativo de Las Indias. Guardaba buenos recuerdos del país pero en su momento sólo pasé fugazmente por Montevideo.

Yerba mate "Canarias"Uruguay es el país pequeño y tranquilo del Cono Sur donde tras apellidos vascos, italianos y judíos uno adivina la sangre canaria de los primeros colonos de Montevideo y Colonia del Sacramento. Para el recién aterrizado desde Canarias los uruguayos son unos canarios que hablan raro. Aunque en mi caso lo de recién aterrizado es un decir. El viaje Madrid-Dallas/Fort Worth-Buenos Aire se vio interrumpido por las cenizas de un volcán que nos llevó a Santiago de Chile y allí tocó esperar 24 horas para aprovechar a toda prisa la tregua dada por el Puyehue.

El viernes de la semana pasada estuvimos en el edificio anexo del Palacio Legislativo para asistir a varias conferencias sobre cooperativismo en el Foro Nacional de Desarrollo y Estructura Productiva. Terminamos en El Cerro, tras visitar el monumento a los Desaparecidos, con un grupo de jóvenes que quieren impulsar una cooperativa. Fue una noche de lluvias de ideas y muchas risas.

Esta semana nos encontramos con el director de La Diaria, un periódico que tiene un local abierto al público que actúa de centro cultural y que te sorprende lo mismo con un artículo sobre criptografía como organiza las jornadas “El Día del Futuro”. Futuro. Una palabra que aquí en Uruguay no han dejado de pronunciar con ilusión.

Las fotos del viaje aquí.

Fotos del viaje a Israel

Miro mi galería de fotos del viaje a Israel y no reconozco el Israel que conoci y percibí.

Fue un viaje en el que presté más atención con los sentidos que con la cámara. Sé que el paisaje humano de la ciudad vieja de Jerusalén, por ejemplo, ofrece muchas oportunidades al fotógrafo. Pero en un lugar de calles tan estrechas hacer fotos disimuladamente era imposible y no me gusta tratar a la gente local como animales en un zoo.

Hubo poco momentos para apreciar lugares tranquilos y recogidos. En el Museo del Holocausto, Yad Vashem, sobra decir que apenas hice fotos.

Puede que aún rescate más fotos y amplíe los pies de fotos. Pero aquí ya tienen 72 fotos.

Arañando el tiempo

Un grupo de irreductibles abandonábamos Israel el sábado por la tarde. Así que a las siete de la mañana estábamos ya desayunando en el hotel para aprovechar la última mañana.

Volvimos a recorrer el barrio árabe de la ciudad vieja. Visitamos la Mezquita de Saladino, la Puerta de Damasco y nos quedamos en la entrada de la Explanada de la Mezquitas con la Cúpula de la Roca a la vista. Los no musulmanes no pueden pasar más allá.

Tras un almuerzo tempranero fuimos a Mea Shearim, en el barrio ultraortodoxo, que en pleno Shabbat era una zona muerta. Nos cruzamos con unos cuantos por las calles. Pero procurarmos dispersarnos para no parecer un grupo de turistas visitando un zoo.

Paramos en una esquina para consultar un plano de la ciudad y tratar de averiguar cómo volver al centro. Una furgoneta de la policía nos dio un susto de muerte haciendo sonar la sirena justo al llegar a nuestra altura. Todos dimos un salto y lo último que vimos fueron varias filas de dientes en la furgoneta. Se echaron una buenas risas a nuestra costa.

Jerusalén estaba totalmente muerte en la mañana de sábado. Quizás por caminar por calles desiertas bajo el sol nos dio la sensación de que era el día más caluroso que habíamos vivido. Regresamos al hotel a tiempo de recoger las cosas y que una furgoneta nos llevara al aeropuerto Ben Gurion.

A los veinte minutos del trayecto todo el mundo dormía. Yo aproveché para mirar el paisaje. Reconocí el desvío al museo de medios acorazados de Latrún y otro al memorial de la Ruta Birmana. Otra vez será.

En el aeropuerto los controles de seguridad fueron largos pero nunca agresivos o incómodos. No hubo mucho problema. Gasté los últimos shekels en un libro que pronto reseñaré. Encontré wifi gratis. Y viajé a Madrid para pasar de los 30 grados a un frío gélido. Dos días depués nevaba.

La última cena

El viernes comenzamos visitando Yad Vashem, el Museo del Holocausto. Nos dieron una autoguía y nos dejaron que cada uno hiciera un recorrido por su propia cuenta. No puedo decir que el tema me fuera desconocido pero siempre descubres nuevos aspectos. La algarabía habitual desapareció cuando nos volvimos a reunir a la salida. En el siguiente viaje todo el mundo estaba muy callado.

El almuerzo del viernes fue con el rabino David Rosen, que en su momento había sido el líder espiritual de los judíos sudafricanos en tiempos del apartheid y en Irlanda. La charla fue bastante interesante y animada, tocando temas que espero ampliar proximamente.

Y tras el almuerzo, por fin, nos dirigimos a la ciudad vieja de Jerusalén. Entramos por la puerta de Jaffa, visitamos la iglesia del Santo Sepulcro, hicimos algo de compras por el barrio árabe, cruzamos las callejuelas casi desiertas del barrio judío y llegamos a un mirador frente al Muro de las Lamentaciones. Acababa de ponerse el sol y comenzado el Shabbat. Desde donde estábamos nos llegaba un cacofonía de cantos y rezos.

Bajamos por el laberinto de callejuelas y escaleras empinadas hasta la explanada del Muro. Allí nos dispersamos. Judíos ultraortodoxos con sombreros cilíndricos de piel rezaban inclinándose contra el Muro ocupando toda su extensión. Había un montón de grupos de ultraortodoxos recitando en voz alta y hasta un grupo bailaba en círculo. El ambiente era electrizante. Me mezclé entre ellos hasta poder dejar un papelito. Fue un buen colofón al viaje.

Dejamos la ciudad vieja para ir a cenar en familia a casa de la rabina Nava Hefetz, que forma parte del judaísmo liberal y que curiosamente siendo mayoritaria en EE.UU. no es reconocida en Israel. La conversación se fracturó y yo sentí ese ambiente de despedida. Algunos tenían que marcharse ya aquella noche. Parecía mentira pero una semana tan intensa acababa.