“¿Aliados o enemigos? La SGM en el Próximo Oriente, 1941″ de Javier Lion Bustillo

A la primera persona que le escuché hablar del concepto Guerras Híbridas fue a Jorge Aspizua. Reviso su blog y encuentro que la primera mención es de julio de 2006 (echen cuentas) a propósito de Hezbolá y la guerra aquel verano en el Líbano. Ahora el tema está de moda y en el establishment español de defensa no paran de sacar artículos. Hasta un sarao vi organizado con expertos traídos de fuera, cómo no. Pero en aquel entonces Jorge predicaba en el desierto. Y aunque ahora todos se han apuntado a rescatar lecciones sobre guerra híbrida de aquella guerra en el Líbano en 2006 y a hablar de Rusia, Jorge ya hablaba de otros casos históricos. Es el caso de la campaña británica en Iraq en 1941.

Me encontré de casualidad con ¿Aliados o enemigos? La SGM en el Próximo Oriente, 1941 de Javier Lion Bustillo, un libro que trata de las campaña británicas en Iraq y Siria durante la Segunda Guerra Mundial. Son dos episodios bastantes desconocidos de aquella guerra, pero que me interesaban por cuestiones que resulta que al final no aparecen en el libro. Ya es mala pata. En primer lugar tenemos la Campaña de Iraq de mayo de 1941. Iraq era un país soberano entonces, surgido del desmantelamiento del Imperio Otomano a manos de los británicos y franceses tras el fin de la Primera Guerra Mundial. Como herencia colonial, albergaba una fuerza militar británica. En marzo de 1941 un golpe de estado llevó al poder a un nuevo gobierno que trató de realinear el país hacia una alianza con las potencias del Eje. El gobierno británico decidió entonces actuar y controlar el país antes de que un nuevo frente hiciera más comprometida su posición en Oriente Medio. Recordemos que en 1941 se había constituido el Afrika Korps. Las fuerzas británicas usaron como cabeza de puente la base aérea de Habbaniya, que las fuerzas iraquíes no supieron o pudieron capturar al comienzo de la campaña. Y por otro lado, tropas indias desembarcaron en Basora, desde donde avanzaron hasta Bagdad para coincidir con las fuerzas británicas que habían partido de la actual Jordania. El apoyo de las potencias del Eje fue tibio y tardío, cuando ya no pudo ser decisivo.

Hay un par de detalles relevantes que contar de aquella campaña. Lo primero es la curiosidad que suscita encontrarse en un relato de guerra topónimos del Triángulo Sunní iraquí, donde más 60 años después los estadounidenses libraron sus combates más cruentos con la insurgencia iraquí. Por ejemplo, Habbaniya se encuentra entre Faluya y Ramadi. Otro detalle relevante es que en Bagdad estalló un progromo contra la población judía local. Recuérdese que hablamos del año 1941, antes de la proclamación de Israel. Y que la población judía local llevaba generación tras generación viviendo allí. Valga añadir un detalle. Haj Amin al-Husseini, mufti de Jerusalén y famoso posteriormente por su apoyo a las potencias del Eje, se encontraba en Iraq.

Me interesaba esta campaña por el uso combinado de lado iraquí de fuerzas regulares e irregulares contra los británicos, concepto que cabría interpretarse como un precedente de “guerra híbrida” Pero como ya comenté, no se menciono el asunto con demasiado interés en el libro.

La segunda campaña que trata el libro es la campaña de Siria-Líbano en junio-julio de 1941. Se trata de una acción “preventiva” llevaba a cabo por el gobierno británico. Siria y Líbano eran dos territorios cuya administración había obtenido Francia tras la Primera Guerra Mundial y que estaban en manos de la Francia de Vichy, supuestamente neutral. Durante la campaña iraquí los aviones de guerra enviados por Alemania e Italia al gobierno surgido en Iraq tras el golpe de estado hicieron escala en Siria. Así que en Londres cundió la preocupación de que Siria y Líbano sirvieran para abrir un segundo frente mientras transcurría la guerra en el norte de África. Las expectativas es que se produjeran deserciones masivas de las fuerzas francesas de Vichy cuando se encontraran en el frente con fuerzas de la Francia Libre. No fue el caso.

Curiosamente la mayoría de las fuerzas aliadas en esta campaña la formaron tropas indias, australianas y de la Francia Libre. Estas últimas incluían a unidades de la Legión Extranjera francesa y tropas coloniales del Magreb y África Occidental. Combatieron contra fuerzas francesas de Vichy que incluían a legionarios extranjeros y tropas coloniales. Así se dio la paradoja, tratada en el libro en un apéndice, que republicanos españoles llegaron a encontrarse frente a frente en ambos bandos. Pero lo que más me llevó a reflexionar es la imagen de senegaleses y tunecinos matándose entre ellos en una guerra que no era la suya, posiblemente por lealtad a sus comandantes y sus unidades.

La verdad es que el relato del avance aliado se me hizo tedioso. En esta otra campaña encontramos de nuevo una topografía familiar para el interesado en la historia militar. Por ejemplo, nos encontramos combates en los Altos del Golán, célebre campo de batalla en 1967 y 1973. O la localidad de Marjayún, ubicación de la base “Miguel de Cervantes” que ocupan cascos azules españoles desde 2006.

En esta parte del libro también se omite un asunto que generó mi interés por el libro. La campaña de Síria-Líbano arrancó con una serie de lo que hoy llamaríamos “operaciones especiales” en las que participó un tal Moshe Dayan. Allí perdió un ojo y desde entonces llevaría un parche. Otro personaje que sí aparece en el libro y apenas se menciona es al comandante de la 10ª División India, el general William Slim, que llegaría a ser famoso posteriormente por la campaña de Birmania. Con sus tropas alcanzaría Deir ez-Zor en Siria, otro topónimo de actualidad.

“Great Lakes Conflagration: The Second Congo War, 1998-2003″ de Tom Cooper

Tom Cooper está detrás del Air Combat Information Group, uno de los secretos mejor guardados de Internet, además de ser autor de varios libros sobre aviación militar. Hace años cité aquí un artículo suyo para escribir sobre el impacto de las comunicaciones por satélite en las nuevas “Toyota Wars” africanas. Esa faceta suya como experto en conflictos africanos está saliendo a la luz gracias a la colección Africa@War que coeditan la británica Helion & Company y la sudafrican 30º South Publishers.

CBJ8466-2Great Lakes Conflagration trata sobre la Segunda Guerra del Congo (1998-2003), uno de los conflictos más mortíferos, complejos y desconocidos de los últimos 25 años. Un conflicto conocido como la Primera Guerra Mundial Africana o la Primera Gran Guerra Africana. Para que se hagan una idea, hablamos de una cifra de varios millones de muertos. El punto de partida es la caída del régimen de Mobutu Sese Seko en el entonces llamado Zaire en 1997 y la llegada al poder del “revolucionario” Laurent-Désiré Kabila. El control que ejercía el nuevo gobierno sobre el país era débil. Hay que tener en cuenta la enorme extensión del país (2,4 millones de kilómetros cuadrados) y la multiplicidad de grupos políticos contrarios dispuestos a enfrentarse al nuevo poder. Así, se creó una coalición de países dispuestos a lanzar una guerra por el poder enmascarándose detrás de los grupos insurgentes. Hablamos de una guerra por delegación (“proxy war”) en la que Uganda, Ruanda y Burundi apoyaron a grupos insurgentes congoleños tratando además de incentivar la revuelta de simpatizantes del antiguo régimen.  En el bando contrario, el gobierno de Kabila recibió el apoyo de Zimbabwe, Angola. Namibia y Chad, quienes a su vez apoyaron a grupos insurgentes ugandeses y ruandeses contra sus respectivos gobiernos a la vez que apoyaron a grupos congoleños contra el poder de facto ruandés en las provincias orientales del país. Me ahorro hacerles la lista de los grupos implicados. La lectura del libro requiere repetidas consultas de los capítulos introductorios donde se detallan los componentes de cada bando.

La Segunda Guerra del Congo tuvo todos los elementos que uno asocia al concepto de “nuevas guerras” acuñado por Mary Kaldor: grupos armados con poca cohesión y disciplina, matanzas de civiles, violaciones y saqueos, encuadramiento de niños soldados, etc. Pero lo que diferencia a esta guerra de cualquier guerra premoderna, evidentemente, es el contexto de la globalización. El objetivo inmediato de la intervención de Ruanda, Burundi y Uganda en el Congo fue la explotación de sus recursos naturales (oro, diamantes, coltán, etc.), creándose por vía aérea un flujo de ida de armas procedentes principalmente de Europa del Este y un flujo de vuelta de recursos naturales valiosos. Hay que destacar el papel del traficante de armas ruso Victor Bout, mercenarios occidentales y varias empresas israelíes en el suministro del bando anti-Kabila. Con las enormes distancias del país, la logística tuvo un papel crucial en la guerra, siendo importantísimo el papel de los puentes aéreos establecidos por cada bando mediante una pintoresca colección de viejos glorias de la aviación. Así, el frente se movió como un péndulo en función de lo lejos que cada bando estaba de sus bases de partida y lo rápido que se agotaba su esfuerzo.

An-12 de Air Cess, empresa de Victor Bout registrada en Emiratos Árabes Unidos e implicada en el esfuerzo bélico ruandés.

An-12 de Air Cess, una de las empresas de aviación de Victor Bout registrada en Emiratos Árabes Unidos e implicada en el esfuerzo bélico ruandés.

DC-8 de Trans Air Cargo, otra empresa implicada en el esfuerzo logístico de la Segunda Guerra del Congo

DC-8 de Trans Air Cargo, empresa congoleña implicada en el esfuerzo logístico de las fuerzas del presidente Kabila.

En la alianza pro-gobierno de Kabila hay que destacar el papel jugado por las fuerzas armadas de Zimbabwe. La idea que transmite Tom Cooper es que las fuerzas armadas del país heredaron bastante de la profesionalidad y doctrina de las antiguas fuerzas armadas rhodesianas, un referente histórico en las guerras africanas durante la Guerra Fría. De hecho, la colección Africa@War ha dedicado unos cuantos títulos al tema (desde el más general Bush War Rhodesia 1966-1980 a los más específicos sobre los Selous Scout y las tácticas de Fire Force), por no mencionar los diversos libros de historia militar y memorias personales que Helion & Company ha dedicado a la Guerra de Rhodesia. La acción de la aviación y las fuerzas especiales de Zimbabwe resultaron una y otra vez fundamentales para salvar la situación in extremis. A pesar de su escaso número en el total de fuerzas implicadas en la guerra, su impacto fue alto por el decisivo efecto que sus unidades bien entrenadas y bien cohesionadas tenían ante fuerzas numerosas pero compuestas por niños-soldados y rebeldes con escaso entrenamiento. Así destaca el papel en la guerra de los entrenadores Bae Hawk Mk.60 realizando misiones de ataque ligero o  el empleo de los CASA C212 Aviocar de origen español como bombarderos de fortuna, guiados hasta el objetivo mediante un GPS de mano y lanzando bombas por la rampa.

Bae Hawk Mk.60

Bae Hawk Mk.60 de la fuerza aérea de Zimbabwe, antes de su entrega en 1982. Foto de Kev Slade

C212 Aviocar del 3º Escuadrón de la fuerza aérea de Zimbabwe en 2012

C212 Aviocar del 3º Escuadrón de la fuerza aérea de Zimbabwe en 2012

El libro tiene 64 páginas en formato DIN A4. Pero no debería llevar a engaño. Como ya comprobé en Libyan Air Wars Part 1973-1985, Tom Cooper dota de una enorme densidad a sus libros gracias a su conocimiento de los entresijos profundos del tema que maneja, destacando especialmente el manejo de fuentes directas. Queda al criterio del lector darle validez a las informaciones tan detalladas que Cooper maneja sobre temas tan desconocidos. A mí me parece una obra altamente recomendable sobre un conflicto que pasará ahora a mi canon de las Guerras Posmodernas.

Una última reflexión. Es habitual escuchar cierta narrativa sobre la pobre África saqueada por culpa de la rapacidad de las malvadas empresas occidentales y sus conflictos armados alimentados por la insaciables empresas de los complejos militares industriales occidentales. Aquí tienen un trágico ejemplo de un país africano atormentado por la avaricia de dos políticos africanos. Hablamos de Paul Kagame de Ruanda y  Yoweri Museveni de Uganda, este último presentado como ejemplo del Renacimiento Africano durante los tiempos del presidente Bill Clinton. En cuanto a las armas, la realidad es que el grueso de los grandes contratos multimillonarios son entre países democráticos sin que alimenten ningún conflicto, por ejemplo aviones F-18E y P-8A estadounidenses para Australia. El grueso de las muertos en las “guerras olvidadas” en las dos últimas décadas fueron víctimas de armas y municiones procedentes de países como Bielorrusia, Ucrania, Serbia, Irán y Corea del Norte. Así que no oirán a nadie en España escarbar sobre la Odessa Network porque, ya saben, hablar mal de Putin o Yanukovich es estos tiempos hacerle el juego a la OTAN.

“La audacia en la guerra: Comandos 1939-1945″ de Carlos Canales y Miguel del Rey

170006Haciendo una reseña del libro Los Chindits y otras fuerzas británicas del frente asiático comenté que lo que más que me interesaba de la Segunda Guerra Mundial eran las unidades de fuerzas especiales y los ejemplos de guerra no convencional. Fue escribir eso y a los pocos días me encontré, como caído del cielo, en una librería un ejemplar de La audacia en la guerra: Comandos 1939-1945 de Carlos Canales y Miguel del Rey. El libro, con más carácter divulgativo que exhaustivo, hace un repaso a las unidades de operaciones especiales o de guerra irregular que intervinieron en la Segunda Guerra Mundial. Hablamos de las unidades “Commando” el SAS, el LRDG, los Chindit y la Gideon Force por el lado británico. Luego tenemos los batallones Rangers, la 1st Special Service Force, los Merrill’s Marauders y los Alamo Scouts por el lado estadounidense. La clasificación de unidad de operaciones especiales no sé si sería correcta, pero en el bando alemán aparece el Batallón Ebbinghaus. Aparecen los Brandenburgers, las unidades que operaron con el Afrika Korps y la Operación “Grief” de Otto Skorzeny. Finalmente tenemos a la Xª Flotilla MAS italiana y sus pares alemanes de las K-Flotillen. El libro cierra con las unidades finlandesas y, fuera del contexto de la Segunda Guerra Mundial, la toma de Puerto Bolívar (Ecuador) tras un salto de paracaidistas peruanos.

Personalmente, eché en falta unidades estadounidenses dedicadas a las operaciones anfibias en el Océano Pacífico, como por ejemplo los Raiders. Pero viendo la selección de las autores caí en la cuenta de un primer asunto relevante que ya surgió en mi reseña de Los Chindits y otras fuerzas británicas del frente asiático. Hay unidades que me resultaban familiares por el cine de Hollywood, como la 1st Special Service Force  (véase “La Brigada del Diablo”) o los Merrill’s Marauders (“Invasión en Birmania”). La fama en el Norte de África se la llevó el Special Air Service pero mucho más impacto tuvo el Long Range Desert Group (LRDG). Queda claro que la fama alcanzada por ciertas unidades no concuerda con su impacto en la marcha general de la guerra.

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En el libro encontramos que realmente pocas unidades tuvieron un impacto estratégico. En el caso estadounidense, muchos generales se empeñaron en emplear a las unidades especiales como infantería convencional, desperdiciando a unos hombres especialmente preparados junto con el tiempo y recursos dedicados a su formación. En el caso italiano, los buceadores ( “Uomini Gamma”) de la Xª Flotilla MAS lograron un éxito espectacular en el puerto de Alejandría en 1941 pero una evaluación muy conservadora de los daños producidos llevó a la marina italiana a no explotar la superioridad alcanzada en el Mediterráneo.

Otra cuestión que me ha llamado la atención es la poca importancia dada por Alemania a las unidades de operaciones especiales. Italia sólo está representada por una unidad. Y Japón no está presente. Los autores señalan que no hubo una verdadera cooperación entre las Potencias del Eje, donde se transmitiera de unas a otras las lecciones aprendidas o la tecnología.

El libro lo he leído con mucho interés, perdonando los errores de edición y maquetación. Por no hablar de algunas fotos de mala calidad tomadas de Internet. Me ha resultado tremendamente desmitificador. Aunque he encontrado interesante tantos casos y experiencias. Fue en su momento una gran lección de Jorge Aspizua. Evitar caer en el adanismo cuando a tantos fenómenos podemos encontrarles precedentes históricos.

“One hundred victories: Special Ops And The Future of American Warfare” de Linda Robinson

41cqH8dK0oL._SY344_BO1,204,203,200_Hace un par de años escribí aquí “Cuatro errores del gobierno Bush”. El tercero era “El Olvido de Afganistán”. Mi sensación de siempre fue que tras la caída del régimen talibán el gobierno estadounidense se desentendió de la situación en Afganistán. En algún sitio leí que el 12 de septiembre de 2011 ya se hablaba de invadir Iraq por los pasillos del Pentágono. En mi reseña de Los Vulcanos hablé de cómo una generación formada en la vieja Guerra Fría fue incapaz de asumir el nuevo mundo de las Guerras Posmodernas para imponer los planes de invasión de Iraq y tener así su guerra convencional con la que disfrutar al entrar en Bagdad de cinco minutos de gloria militar en la televisión que compensaran el 11-S y restituyeran el orgullo herido.

Así, con estos antecedentes, he llegado a este libro de Linda Robinson que sorprende al lector cuando cuenta que hasta 2009 nadie se había molestado en diseñar una estrategia de contrainsurgencia para Afganistán. Las fuerzas especiales desplegadas allí se dedicaban a perseguir objetivos de alto valor (High Value Target) con una cadena de mando diferente de las fuerzas convencionales y sin que hubiera un mando de operaciones especiales de alto nivel. Por no hablar de las fuerzas de países aliados integrados en ISAF, al margen de las fuerzas estadounidenses. En definitiva, cada uno hacía allí la guerra por su cuenta.

El libro cuenta el trabajo de los oficiales de operaciones especiales que intentaron darle la vuelta a esta situación a partir de que se creara el Combined Forces Special Operations Component Command-Afghanistan (CFSOCC-A) y se decidiera poner a las fuerzas especiales de Estados Unidos a realizar lo mejor que saben hacer: Entrenar y acompañar a fuerzas locales (Foreign Internal Defense). El libro incrementa una sospecha que tenía hace tiempo. En Afganistán se libran dos batallas contradictorias. Por una lado derrotar a los talibán y por otro lado construir un Estado. Las fuerzas especiales empezaron a organizar, entrenar y pagar fuerzas locales al mando de líderes tradicionales simpatizantes de Estados Unidos. Ese esfuerzo se hizo en muchos lugares a espaldas de las autoridades formales del país, primando eficacia y lealtad por encima de la estricta legalidad afgana. Es decir, las fuerzas especial estadounidenses socavaron el “monopolio legítimo de la violencia” para derrotar a los talibán. El problema se solucionó luego gestionando que el Estado afgano fuera absorbiendo aquellas fuerzas irregulares y entamblando las batallas diplomáticas en los pasillos del poder en Kabul para que las autoridades no desandaran lo avanzado en materia de seguridad en las aldeas.

"Afghan Local Police" (ALP)

“Afghan Local Police” (ALP), la fueza local creada en el marco de las Village Stability Operations

El título del libro hace referencia a las batallas libradas por las fuerzas especiales estadounidenses en lugares recónditos del país donde montaron bases para formar y acompañar a las fuerzas locales reclutadas entre la población y con la aprobación de los líderes informales del lugar. Los “boinas verdes” volvieron así a sus orígenes con las Village Stability Operations, que es en el fondo el tema central del libro. Podríamos decir que estamos casi ante un compendio de “buenas prácticas” de contra insurgencia donde encontramos la importancia de una fuerza entrenada para este tipo específico de trabajo y un mando consciente de la naturaleza no convencional de la empresa. Pero al igual que me sucedió leyendo sobre los esfuerzos de los marines en la provincia de Sangin cabe preguntarse si estos esfuerzos no llegaron demasiado tarde

“ISIS: El retorno de la yihad” de Patrick Cockburn

ImprimirISIS: El retorno de la yihad es uno de esos libros urgentes que trata un tema de actualidad. Su autor, Patrick Cockburn, ha cubierto Iraq y por eso el tema central del libro es la expansión del Emirato Islámico en ese país. La tesis principal del autor es que los yihadistas capturaron importantes ciudades sunníes de Iraq por la existencia de un descontento de fondo de esa minoría frente al gobierno de la mayoría chií y por la enorme inoperancia del ejército iraquí, plagado por la corrupción. Entre las prácticas habitual que cuenta el libro está el de soldados que entregan parte de su sueldo a un superior para cobrarlo sin ir a trabajar o el típico desvío de las partidas para la alimentación de los soldados pero a gran escala. Así, llegado el momento de combatir contra los yihadistas, los soldados iraquíes se encontraron sin balas ni raciones en unidades mermadas de efectivos mientras sus oficiales se ponían a salvo lejos del frente. Las tácticas de bombardeos indiscriminados contra núcleos de población sunníes también ayudaron al socavamiento de la legitimidad del gobierno iraquí.

Patrick Cockburn llama la atención sobre lo desapercibido que resultó la caída de Faluya, una ciudad cercana a Bagdad, en mano del Estado Islámico en enero de 2014, junto con otras zonas relevantes de Iraq. Lo que le lleva al final del libro a reflexionar sobre el papel de los medios de comunicación y los reporteros de guerra en construir un relato sobre lo que pasa en el campo de batalla o en países que viven períodos de agitación. También dedica un capítulo a reflexionar sobre el papel de Arabia Saudita en el auge del radicalismo sunní, que ha incorporado elementos de la doctrina wahhabí que hasta hace poco le eran ajenos. Se menciona de paso el ambiguo papel del régimen de Assad frente a los yihadistas (recordemos cómo el país se convirtió en retaguardia de Al Qaeda en Iraq y la liberación de personajes como Mustafá  Setmarian al principio de la guerra civil). Este no es un libro sobre el conflicto de Siria, pero sería interesante leer uno igual de ágil y pegado a ras de suelo.

“Duty” de Robert Gates

Duty-Memoirs-of-a-Secretary-at-War Robert Gates se convirtió en el primer Secretario de Defensa estadounidense al que un presidente entrante del partido contrario le pidió que permaneciera en el puesto. Así fue Secretario de Defensa primero con George Bush (hijo) y con Barack Obama después. Comenzó su carrera siendo reclutado por la CIA en la universidad hasta alcanzar el puesto de subdirector (1986-1989) con Ronald Reagan y director (1991-1993) con George Bush (padre). Por el camino ocupó puestos en diferentes gobiernos y cuando se retiró de la CIA trabajó en el mundo académico. Era rector de la Texas A&M cuando fue llamado para el puesto de Secretario de Defensa. Rápidamente se convirtió en un personaje que nos llamó la atención a Jorge Aspizua y a mí por su franqueza al hablar y su preocupación por resolver la situación en Iraq y Afganistán enfrentándose a las inercias y a los poderes fácticos que se empeñaban en gastar pensando en hipotéticas guerras convencionales del futuro, un mal que Gates bautizó como la “nextwaritis”. Y es que uno aprende en su libro que si los militares se ocupan de las misiones y operaciones del presente, la burocracia del Pentágono existe para planificar con antelación el descomunal gasto de defensa estadounidense pensando en las guerras del futuro. Un objetivo que se terminó convirtiendo en un obstáculo mientras EE.UU. esparcía sus fuerzas por medio mundo en la Global War On Terror.

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Robert Gates cuenta en el libro sus esfuerzos para hacer llegar al frente de batalla los vehículos a pruebas de minas (MRAP) y sus peleas con la fuerza aérea para que se diera prioridad a medios ISR (UAVs y aviones C-12 modificados) con los que luchar contra los insurgentes que plantaban artefactos explosivos (IED) en las carreteras. En este último caso se trataba de que los pilotos de combate consideraban poco glamuroso verse manejando aviones sin piloto tras una pantalla. Todo el tiempo, Gates manifiesta su preocupación por las tropas con una insistencia que el lector español podría pensar que es fingida por extraña entre nuestros políticos. Pero hay que entender que forma parte de la idiosincrasia de la política estadounidense, con lo bueno y lo malo.

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El libro se lee como una guía del funcionamiento de Washington D.C., donde el gobierno choca constantemente con ambas cámaras del congreso, donde el Departamento de Defensa choca con el Departamento de Estado, donde el Secretario de Defensa choca con los asesores del presidente y así hasta el infinito. Resulta curioso pensar en quienes hablan de “Washington decide” o “el gobierno de Estados Unidos decide” como una caja negra de la que salen órdenes. En cambio, de la mano de Robert Gates descubrimos lo complicado del proceso de toma de decisiones en Washington, donde el resultado final es el producto del choque de un montón de fuerzas donde más que la “elección racional” intervienen el “comportamiento organizacional” y las “políticas gubernamentales” (véase Essence of Decision de Allison y Zelikow al respecto).

Hillary Clinton, Joe Biden, Barack Obama, Robert Gates

Habiendo servido en los gobiernos de los presidentes Bush (hijo) y Obama es interesante su perspectiva sobre las diferencias entre ambos. Robert Gates presenta a George W. Bush como un personaje muy diferente a la imagen de paleto intelectualmente limitado que se construyó sobre él, pero que gobernó con la losa del 11-S sobre su cabeza. Según Gates, la idea de que el gobierno había fallado al pueblo estadounidense llevó a Bush a tomar medidas extremas, como enviar prisioneros a Guantánamo o invadir Iraq, para evitar que se repitiera el 11-S pero que con la perspectiva del tiempo podemos percibir como una sobrecompensación ante el fallo inicial. Por su parte, el gobierno Obama es descrito como lleno de jóvenes ambiciosos y voluntaristas que se comportaban como si todavía estuvieran en campaña electoral. Obama marcó a los militares un objetivo político: Retirarse de Afganistán e Iraq. Pero los militares contestaron que primero habría de estabilizarse la situación en ambos países y pidieron más tropas para rematar el trabajo. Obama sintió que le pretendían montar una encerrona y en el tira y afloja se establecieron dos fechas: 2011 para retirarse de Iraq y 2014 para retirarse de Afganistán. Ese voluntarismo por encima de las consideraciones militares puede que sea el origen de problemas para Estados Unidos en el Gran Oriente Medio en el presente y en el futuro.

“El ensayo en la literatura canaria” de José María Lizundia

Inspirado en la iniciativa de Bianka Hajdu, este año estoy tomando nota de los libros (en papel y en formato electrónico) que por un lado estoy incorporando a mi biblioteca y por otro lado estoy leyendo. Llevar ambas listas es una forma de recordarme las lecturas pendientes que voy acumulando y frenarme de comprar para almacenar, algo que hago demasiado a menudo. EL ENSAYO EN LA LITERATURA CANARIA imagenUn repaso a lo que compro y leo refleja que rara vez me aparto de los temas de este blog y apenas leo ficción. Una de las pocas excepciones este año ha sido El ensayo en la literatura canaria (y presente socioliterario) de José María Lizundia. Encontré el hueco para leerlo esta semana y lo menciono aquí porque me hizo pensar sobre uno de los temas que traté aquí en “Mediocristán, una cierta visión de España”. Yo hablaba de la mediocridad reinante en España en ciertas áreas intelectuales y en el libro, José María Lizundia nos recuerda como España y Canarias albergaron una generación de pensadores notables (Ortega y Gasset, Marañón, Unamuno…) que floreció antes de la Guerra Civil.  En Canarias destaca las figuras que congregó La Gaceta del Arte (1923-1936) y que convirtieron a Tenerife en un lugar de referencia para el surrealismo. Hablamos de figuras como Eduardo WesterdahlDomingo Pérez Minik y Pedro García Cabrera. A la Exposición Surrealista organizada por la revista en 1935 acudió el mismísimo André Breton. Que Canarias estuviera en primera fila mundial en el ámbito cultural e intelectual en el período de entreguerras dice mucho de cómo se pueden llegar a superar las barreras del aislamiento geográfico. De hecho, en el libro se plantea el dilema primordial para todos los que vivimos en unas islas lejos de la metrópolis: Entender el océano como una barrera que aisla y apega al territorio o un horizonte que transcender. Lo primero ya fue uno de los temas de libro anterior de José María Lizundia, Canarias, diversos nacionalismos (Una visión comparada) de 2010, para volver a aparecer aquí: Cómo el apego al territorio y al paisaje se convierte en Canarias en seña de identidad por encima de la construcción de mitos históricos a la que se dedica todo nacionalismo. O cómo en El ensayo en la literatura canaria queda resumido, optar por la geografía o la historia. La opción por la geografía resuelve un segundo dilema. La fascinación por el territorio en Canarias, algo en lo que participo hasta yo, deriva en apego a la tradición y el inmovilismo frente al espíritu emprendedor y práctico del que opta por el océano como espacio para la exploración, el flujo de ideas y el comercio. Precisamente la semana pasada, en su estrenada etapa como colaborador del diario El Díael propio José María Lizundia nos explicaba cómo en Canarias se ha optado por la primera opción. Curiosamente la dicotomía entre lo telúrico y lo océanico es un tema central del ideólogo del nuevo chovinismo ruso, Alexandr Dugin, para quien las principales fuerzas en choque en este mundo son la modernidad cosmopolita occidental, con su individualismo y sus democracias liberales,representada por el eje anglo-estadounidense, frente a Rusia como defensora de la Tradición, la mitología nacionalista y el colectivismo. Pero de Dugin y el nuevo imperialismo ruso ya habrá tiempo de hablar aquí.

Un personaje con el que José María Lizundia cierra su cartografía del panorama intelectual canario es Juan Manuel García Ramos, profesor de Literatura Hispanoaméricana en la Universidad de La Laguna y presidente del Partido Nacionalista Canario. A García Ramos se le debe un intento de construcción nacionalista de la identidad canaria por una vía diferente a la habitual de los independentistas, que durante años intentaron sin éxito convencer a los canarios que eran africanos pendientes de descolonización. García Ramos propone entender Canarias como territorio atlántico vinculado con América. Pero como señala José María Lizundia, la atlanticidad se trata de un proyecto nacionalista construido sobre la geografía y no sobre una comunidad imaginada. Los canarios se sienten vinculados de alguna forma con Cuba y Venezuela, pero es dudoso que en Martinica y Puerto Rico se sientan parte de algo común con Canarias. La idea del gran espacio atlántico no es mala. De hecho la UE ha  impulsado un proyecto de reflexión, Atlantic Future, que paradójicamente impulsa el CIDOB en Barcelona (aquí un monográfico de su revista y aquí la introducción). Las universidades canarias no están ni se les espera, mira tú por dónde.

“Rusia frente a Ucrania” de Carlos Taibo

Cuenta Carlos Taibo que estaba preparando un libro sobre Rusia cuando contactó con él la editorial para apremiarle a publicar un libro sobre Ucrania. Recordemos que es autor de, entre otros, La Rusia de Yeltsin (1995), La explosión soviética (2000), Rusia en la era de Putin (2006) e Historia de la Unión Soviética: 1917-1991 (2010) junto con libros sobre la transición del comunismo en la Europa del Este y libros sobre los conflictos de Chechenia y Kosovo. Carlos Taibo ocupaba en España en el desolado panorama de los expertos académicas sobre un área geográfica el solitario puesto de experto en Rusia. Se queja en la introducción del libro que ya no lo llaman de la prensa para colaborar con artículos de análisis pero una revisión de su obra escrita nos permite constatar que desde aproximadamente el año 2000 se dedicó a otros temas:

¿Por qué el decrecimiento?: Un ensayo en la antesala del colapso (2014), En Defensa De La Consulta Soberanista En Cataluña (2014), Repensar la anarquía: Acción directa, autogestión y autonomía (2013), Libertarios (2013), De La burbuja inmobiliaria al decrecimiento. Causas, efectos y perspectivas de la crisis (2013), Crítica de la Unión Europea: Argumentos para la izquierda que resiste (2013), España, un gran país: Transición, milagro y quiebra (2012), Que no se apague la luz: Un diario de campo del 15-M (2012), ¡Espabilemos!: Argumentos desde el 15-M (2012), Nada será como antes (2011), 15-M en sesenta preguntas (2011), Decrecimiento explicado con sencillez (2011), Estado de alarma (2011), Su crisis y la nuestra (2010), Decrecimientos (2010), Contra Los Tertulianos (2010), Decrecimiento, crisis, capitalismo (2010), En defensa del Decrecimiento (2010), 150 preguntas sobre el nuevo desorden (2008), Nacionalismo español (2007), Neoliberales, Neoconservadores, Aznarianos (2008), Movimientos antiglobalización (2007), Rapiña global : una introducción a la política internaciónal contemporánea (2006), Movimientos de resistencia: Frente a la globalización capitalista (2005), No es lo que nos cuentan: Una crítica a la Unión Europea realmente existente (2004), ¿Hacia dónde nos lleva EE.UU.? (2004), Globalización neoliberal y hegemonía de Estados Unidos (2003), etc.

Como vemos, estamos ante una especie de César Vidal de la izquierda (16 libros publicados entre 2010 y 2014) que según pasaron los años de la década pasada fue haciendo una trasnsición temática de asuntos internacionales a cuestiones como el 15-M, el Decrecimiento, el anarquismo o la situación de España. Así que no tenía muchas expectativas puestas en Rusia frente a Ucrania: Imperios, pueblos, energía. Tampoco me generó mucha esperanza que en la contraportada aparece que el libro aporta “una reflexión crítica sobre el papel […] corresponde a Estados Unidos y a la Unión Europea”, convirtiendo una vez más a Rusia en el elefante en la habitación. Sin embargo el autor no muestra reparos a al hora de catalogar al régimen ruso y su papel en la crisis, que se convierte en una parte importante del análisis. Así, el libro dedica mucho mas espacio a las relaciones de Ucrania y Rusia tratando, apenas el papel de Estados Unidos y la Unión Europea. ¿Entonces a qué viene esa frase en la contraportada? ¿Un requisito imprescindible para vender en la España de 2014? El libro no es desde luego el libro definitivo sobre la crisis de Ucrania. Creo que aporta más sobre los antecedentes, al fin y al cabo el autor confiesa que es un reciclaje de materiales preparados para otro libro, que sobre el contexto mismo de la crisis, que quedó explicado por Andrés Rodríguez en “Ucrania, algo más que gas”.

“Viaje al negro resplandor de Azerbaiyán” de Marta Arias y Bárbara Ayuso

Azerbaiyán es un país que llamó mi atención leyendo The Oil Road de James Marriott y Mika Minio-Paluello. Los autores relataban de un país donde la democracia es pura fachada, como en Rusia, pero al tratarse de un socio comercial de Occidente el asunto no genera aquí ninguna controversia. Tras la caída de la Unión Soviética, British Petroleum logró el “contrato del siglo”, encargándose de la explotación del petróleo off-shore en las aguas azeríes del Mar Caspio. En nombre de la Responsabilidad Social Corporativa y los buenos propósitos, British Petroleum contaba en el país con programas de fortalecimiento de la sociedad civil pero los autores de The Oil Road se encontraban con directivos y técnicos de las ONGs extranjeras en Azerbaiyán que parecían participar de la farsa general. Ya vimos en Las revoluciones de colores de Carlos González Villa que las revoluciones populares en los países ex-soviéticos pasaron de largo en los países con gobiernos aliados de Occidente.
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Viaje al negro resplandor de Azerbaiyán es un libro en formato electrónico de las periodistas españolas Bárbara Ayuso y Marta Arias que se une a esa esperanzadora tendencia de libros-reportajes publicados por periodistas en canales de distribución no convencionales, como Un Estado y medio de Jordi Pérez Colomé  o Siria, más allá de Bab Al-Salam coordinado por Antonio Pampliega. Digo “esperanzador” porque aunque es un fenómeno que tiene mucho que ver con la crisis (y la “crisis del periodismo“), nos permite a los lectores acceder a libros que de otra forma no hubieran salido al mercado. Las propias autoras arrancan señalando que el español medio apenas podría relacionar Azerbaiyán con el Festival de Eurovisión de 2012 o el patrocinio del Atlético de Madrid. Y así llega a nuestras manos un libro sobre un país poco conocido.

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Viaje al negro resplandor de Azerbaiyán es la crónica de un viaje de diez días a Bakú, la capital del país. Una ciudad que aspira a ser la “Dubai del Cáucaso” con sus rascacielos de cristal y proyectos faraónicos firmados por grandes estrellas de la arquitectura global. Allí aterrizan las dos periodistas camufladas como turistas para no tener problemas con las autoridades. El grueso del libro lo forman el conjunto de encuentros con periodistas y activistas azeríes a través de cuyo relato y las propias observaciones de las autoras vamos conociendo la realidad del país. Las autoras se entrevistan a la periodista Shala Sultanova, el intelectual Emin Milli, el reportero gráfico Mehman Huseynov, el abogado Anar Gasimili, el periodista Idrak Abbassov, el director de periódico Rahim Hajiyev y a los creadores de Sing For Democracy, Fuad Hasanov y Rasul Jafarov, que precisamente aprovecharon Eurovisión para tratar que el resto de Europa conociera la situación del país. Conocemos así el reverso del desarrollismo azerí, donde el avance de la edificación supone el desalojo de los habitantes de las casas que se interponen en el camino, donde a los disidentes se les persigue acusándolos de delitos comunes, donde las agresiones a los periodistas incómodos lo hacen turbas o guardias de seguridad… Se mantiene así la apariencia de democracia y libertad, ya que el gobierno acalla las voces de una forma indirecta. Me pareció interesante encontrar otra vez referencias al uso de los medios sociales en Internet por parte del gobierno para vigilar e identificar a los disidentes, lo que nos debería llevar a reflexionar seriamente sobre la necesidad de alternativas (confieso que todavía no he encontrado tiempo para leer a Morozov).

Llegados aquí tengo que señalar que el libro sufre adolece para mí de ese mal del periodismo español del que no he parado de quejarme, el periodismo que busca el reportaje del lado humano de la historia a la búsqueda del testimonio personal conmovedor y que por todo ello renuncia a proporcionar contexto. Cuando se habla de Azerbaiyán lo primero que viene a la mente son los hidrocarburos, que precisamente le proporcionan al país su lugar en el contexto internacional. El petróleo de Azerbaiyán es explotado por un consorcio liderado por la británica BP y llega a los mercados europeos vía los petroleros que cargan en la terminal final del oleoducto BTC, que atraviesa Azerbaiyán, Georgia y Turquía. Hablar de las violaciones a los derechos humanos y la falta de democracia en Azerbaiyán cobra otro sentido cuando entendemos que es una realidad generalmente desconocida porque los azeríes son víctimas de la Realpolitik occidental. Su destino hubiera sido otro de luchar contra un gobierno sin amigos en lugares como Londres. (Haciendo justicia, el asunto aparece en el artículo “Azerbaiyán, una democracia de cartón piedra que se sueña Dubai del Cáucaso” publicado por las autoras en FronteraD)

Que alguien me corrija, pero en Viaje al negro resplandor de Azerbaiyán sólo se menciona un libro, La vuelta a Europa en avión de Chaves Nogales, publicado originalmente en Madrid en 1929. Se menciona también un informe,  A Portrait of Deception. Monitoring Azerbaijan or Why Pedro Agramunt should resign, comentado en una entrada de blog que también se menciona, “La diplomacia del caviar”. No defiendo caer en el desaforado historicismo del Robert D. Kaplan de los noventa pero me gusta su método de trabajo, que hubiera evitado algún desliz como los que se cuelan en Viaje al negro resplandor de Azerbaiyán. A su llegada a Bakú, las autoras mencionan la presencia de “un inmenso árbol de Navidad” en Fountain Square para más adelante hablar del “ambiente de occidentalismo prefabricado que se respira en todos los rincones de la capital”. Y tan prefabricado. Azerbaiyán es un país musulmán (95% de la población, según la Wikipedia). En otro lugar se habla del “aroma artificial de las cosas a las que acaban de quitarle el celofán” y se enumera a los edificios art decó dentro de los elementos que forman “un inmenso escaparate del cosmopolitismo construido ayer”. Pero resulta que Bakú vivió hace más de un siglo su primer boom petrolero, durante aquella primera globalización que duró de 1873 a 1914. Por allí estuvo un tal Alfred Nobel, un químico sueco que montó una empresa petrolera con sus hermanos y con cuyos beneficios contribuyó a pagar unos premios que creó con su nombre. La riqueza creada en aquel boom petrolero se plasmó en casas elegantes y grandes mansiones, como la Villa Petrolea de los hermanos Nobel. Estos dos ejemplos son evidentemente asuntos menores pero, considerando que Azerbaiyán tiene un papel importante en la geopolítica del Cáucaso, creo que un poco más de contexto habría aportado bastante al resultado final. Dicho lo cual, hay que celebrar la aparición de una obra así, que trata temas que aborda la realidad de un país que rara vez sale en los medios de comunicación españoles. Es un ejemplo de que se pueden abordar nuevos temas evitando el cuello de botella de la redacciones y sus servidumbres. Y sobre todo, me quedo con ganas de más reportajes como este.

Tríptico ruso

En el último mes he leído tres libros sobre la Rusia de Putin. Churchill dijo de Rusia que es un “acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma” y mis lecturas me han hecho pensar que se sabe muy poco sobre la realidad de la Rusia actual a pesar de lo mucho que se ha hablado de Rusia en los medios últimamente.

Todo comenzó de casualidad. Un colega me puso en la pista de un libro sobre el colectivo  artístico Pussy Riot porque sabía que llevaba tiempo prestándole atención, en especial al paso por prisión de tres de sus miembros. Ese libro es Word Will Brake Cement: The Passion of Pussy Riot de la periodista y activista LGBT Masha Gessen. El libro recoge la historia del grupo, el proceso judicial al que fueron sometidas tres de sus miembros y su paso por “colonias penales” en Siberia donde las prisioneras son empleadas como mano de obra esclava en condiciones inhumanas. Lo primero que me llamó la atención al conocer el asunto de la detención, juicio y encarcelación es la absoluta falta de garantías procesales en Rusia. El sistema judicial ruso queda representado como una pura farsa donde jueces, fiscales y abogados muestran bastante falta de profesionalidad. En el fondo porque todos saben que participan de una farsa y las sentencias están decididas ya antes del juicio. El asunto apareció de nuevo en el tercer libro que leí sobre Rusia. Y esa sorpresa por descubrir una faceta de la realidad rusa que sale poco en los medios es lo que me llevó a seguir leyendo sobre el país. Pero quizás lo que terminé por encontrar más interesante en el libro no fue la historia del grupo Pussy Riot en sí, sino el retrato de la Rusia contemporánea que en el libro sirve de mero contexto. Las ideas del grupo no son nada revolucionarias desde una perspectiva occidental pero en Rusia resultaron subversivas por tratarse de un país terriblemente machista y conservador. Al ser la Unión Soviética un régimen dictatorial no afloraron en ella los movimientos sociales que conocimos en Occidente durante la Guerra Fría. El feminismo y la revolución sexual pasaron de largo en Rusia. Además, con la condena de los “valores burgueses” conceptos como el de la paternidad responsable se esfumaron (como en Cuba). El relato sobre la infancia y educación de los miembros del grupo coincide en progenitores ausentes y crianza en manos de las abuelas. Ahí encontré una brecha fundamental con Occidente, los valores. Si añadimos el actual peso de la iglesia Ortodoxa, cuyo alianza política con Putin precisamente Pussy Riot pretendía criticar, podemos señalar que existe una gran brecha de valores con Occidente.

El arzobispo de Novgorod y Arzamas en la "Colonia Correcional nº2"

El arzobispo de Novgorod y Arzamás en la “Colonia Correcional nº2″.

Llegué al segundo libro por casualidad, saltando de resultado en resultado de un búsqueda en Amazon. Creo que el libro apareció como una recomendación tras haber estado husmeando libros sobre Rusia. Su autor es Marcel H. Van Herpen, director del think-tank pro-atlantista The Cicero Foundation. Esta afiliación me hizo leer el libro con ciertas precauciones. Hay asuntos que el autor aborda que me dejaron dudas sobre la consistencia de datos y afirmaciones, pero el libro es rico en nota y referencias. La tesis de Putin’s Wars: The Rise of Russia’s New Imperialism es que no se puede entender la historia de Rusia sin entender sus aspiraciones imperiales y que Putin ha construido un régimen autoritario y expansionista. Encontré interesante la idea de que al contrario de los países de Europa Occidental, en Rusia no hubo construcción del Estado al final de la Edad Media antes de la construcción de un imperio. Sino que en Rusia, construcción del Estado e Imperio fueron siempre de la mano, siendo una vía de legitimación del poder de turno. Un gran número de los ciudadanos rusos actuales son descendientes no de ciudadanos rusos sino de antiguos súbditos imperiales. Otra idea interesante del autor, y que comparto porque llegué en su momento a conclusiones parecidas, es que podemos establecer una continuidad entre los designios imperiales de la Rusia zarista y la Unión Soviética. Los años noventa habría que entenderlos entonces como un paréntesis de debilidad e impotencia en la historia de Rusia hasta la llegada de Putin, que retoma el proyecto imperial ruso. Así que sería impropio hablar de “regreso a los tiempos de la Guerra Fría” cuando de lo que se trata de es la recuperación de una continuidad histórica.

 

Llegamos entonces a la descripción del sistema político ruso bajo Putin. Al igual que en el libro de Masha Gessen se nos cuenta de los pucherazos electorales en Rusia. Pero más interesante me pareció el falso sistema multipartidista, donde un partido mayoritario sirve de plataforma electoral del presidente y los partidos tolerados ejercen de “leal oposición” apoyando sin fisuras al gobierno. Hablamos del Partido Comunista y del Partido Democrático Liberal, que más que comunista y liberal son ultranacionalistas. Otro tema interesante es las agrupaciones que Putin ha potenciado como plataforma de apoyo electoral. Primero fue la asociación juvenil “Nashi”, con sus campamentos de verano y su acoso por la calle a diplomáticos extranjeros. Pero aquellos “veranos del amor” a orillas de un lago provocaron demasiado quejas de los padres y entonces el gobierno ruso puso su atención en los cosacos, que han creado su propio partido político y cuentan con una oficina presidencial por lo que sus milicias responden directamente ante Putin. Por último el libro analiza las guerras de Chechenia y Osetia del Sur. Hace un repaso bastante aterrador de las atrocidades rusas en Chechenia. Basta recordar el título de dos libros de Anna Politkovskaya: Una guerra sucia y Terror en Chechenia. (Tampoco está de más recordar su asesinato el día del cumpleaños de Putin).

La tesis del autor de que el designio de Rusia es ampliar su territorio y su área de influencia, con Ucrania como objetivo de especial interés, cobra relevancia tras los recientes acontecimientos en Crimea. No en vano The Cicero Foundation afirma que es el libro que predijo la agresión rusa contra Ucrania”. 

Nadezhda Tolokonnikova, Maria Alekhina

Un cosaco golpeando a una miembro de Pussy Riot con su “nagayka” durante los Juegos Olímpicos de Sochi. Cosacos uniformados auxiliaron a la policía durante los Juegos y aparecieron en Crimea tras la invasión rusa.

El tercer libro que leí es obra del que fuera ente 2007 y 2011 corresponsal en Moscú del diario británico The Guardian, Luke Harding. Mafia State: How One Reporter Became an Enemy of the Brutal New Russia se estructura en capítulos que describen aspectos diferentes de la sociedad rusa o acontecimientos  que Harding cubrió en aquel tiempo. El hilo conductor es el acoso al que se ve sometido desde su llegada por parte del FSB, el sucesor del KGB, lo que refleja bastante el estado de cosas del país. mafia-state-how-one-reporter-became-an-enemy-of-the-brutal-new-russiaHarding se encuentra con que su correo electrónico es manipulado, su correo postal desaparece y que intrusos entran en su casa de forma repetida sin más propósito que cambiar objetos de lugar para dejar así un “mensaje”. En la Rusia de Putin los periodistas y activistas por los Derechos Humanos son acosados por el gobierno y en demasiadas ocasiones sufren ataques o incluso son asesinados a plena luz del día sin que el crimen llegue nunca a resolverse. Como en la cita de Churchill, Rusia aparece como un misterio y asuntos como el funcionamiento interno del régimen oligárquico resultan impenetrables. Harding se encuentra que nadie sabe responderle a ciencia cierta quién estaba verdaderamente al mando de Rusia en el período 2008-2012 mientras Dmitry Medvedev fue presidente de Rusia y Putin primer ministro.

Como se trató en los libros anteriores, instituciones claves en una democracia como partidos políticos libres o una justicia independiente resultan una farsa. Rusia es un régimen autoritario donde el aparato de poder del Estado está al servicio de una oligarquía cleptocrática. A los magnates a la sombra del gobierno se les permite seguir con su enriquecimiento ilícito mientras no cuestionen la “vertical de poder” construida por Putin. El régimen aplica la máxima “para mis amigos todo, contra los enemigos ¡el peso de la ley!”. Leyes contradictorias y una burocracia kafkiana colocan a todo el mundo fuera de la ley por simple incapacidad de cumplirla. Cuando las autoridades rusas quieren deshacerse de un enemigo sólo tiene que apelar a un tecnicismo legal (véase el caso de la petrolera Yukos en Oilopoly: Putin, Power and the Rise of the New Russia). Así Harding se encuentra con que la renovación de su permiso de residencia en Rusia pende de un hilo. Sus crónicas sobre la corrupción, el enriquecimiento de Putin y las violaciones de los derechos humanos le coloca en una posición insostenible y finalmente debe abandonar el país. Pero el asunto le lleva a una reflexión interesante. Sabiendo que su continuidad en el país depende de crónicas favorables sobre el gobierno, Harding señala lo extendido que está en el cuerpo de corresponsales extranjeros la práctica de un periodismo benevolente con el gobierno ruso. Pone de ejemplo sangrante a la BBC. Y eso supone en cierta forma una buena explicación de por qué una descripción tan inquietante y desoladora de la realidad rusa que se repite en los tres libros resulte novedosa.

Activistas LGBT tras ser agredidos en una manifestación autorizada en San Peterburgo.

Activistas LGBT tras ser agredidos por turbas homófobas en una manifestación autorizada en San Peterburgo en junio de 2013.

La imagen que uno descubre de Rusia en estos libros contrasta con los argumentos de muchos tertulianos y columnistas que en estos días hablaba de Rusia como un país con un gobierno razonable llevado a una situación insostenible por la perfidia occidental. La reciente crisis de Ucrania se interpreta de una forma muy diferente si repasamos a lo escrito por Huntingon y Brzezinski en los noventa o a los libros de Van Herpen y Harding aquí reseñados. Resulta que todos coinciden en señalar las ambiciones rusas sobre Crimea. Pero me llama la atención que la propaganda del Kremlin calara hondo en ciertos occidentales durante la crisis internacional en torno a las armas químicas sirias en agosto de 2013 o durante la reciente crisis ucraniana. Resulta paradójico que en eso volvamos a los tiempos de la Guerra Fría. Asumen ingenuamente el papel de tontos útiles al servicio de Moscú. De eso hablaremos pronto.