“Breve Historia de la Guerra de Ifni-Sáhara” de Carlos Canales y Miguel del Rey

Hace poco me encontré con un libro sobre la muchas veces llamada “guerra olvidada”. Breve Historia de la Guerra de Ifni-Sáhara 1957, la última guerra española de Carlos Canales y Miguel del Rey ocupa un vacío bibliográfico, como atestigua que tuviera una segunda edición, sobre un tema que ha sido tratado principalmente a través de obras que recogen testimonios personales, memorias y estudios del papel de unidades militares concretas.

El libro, publicado por Nowtilus a través de su colección Breve Historia, tiene las pegas típicas de los libros españoles de historia militar con carácter divulgativo, que dan una impresión de edición algo descuidada. Hablamos, por ejemplo, de las erratas. Desde “algibe” por “aljibe” a ese misterioso avión MD-115 que busqué y busqué hasta caer en la cuenta que se refería al  MD-315. Dicho lo cual, podemos decir que estamos ante un libro exhaustivo dentro de lo “breve” y bastante ameno. Además, los autores se detienen a comentar las perspectivas opuestas sobre algunos hechos que ofrecen algunos autores, lo cual enriquece el relato.

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Los autores nos ofrecen la historia de la colonización de la África Occidental Española (el enclave de Sidi Ifni, la franja de Tarfaya y el Sáhara Occidental) y el contexto del conflicto. Ya a esas alturas empieza el lector tener la impresión que la guerra de Ifni fue uno de esos casos en los que la política exterior española “brilló” como acostumbra. Cuentan los autores que ante los vientos nacionalistas que barrieron el Magreb, la postura española fue mirar para otro lado porque afectaba negativamente a los intereses franceses. Es decir, se actuó bajo el principio “todo lo que sea malo para Francia, es bueno”.  Recuerdo que algo parecido se hizo con la OAS, lo que llevó a Francia, según algunos, a pagar con la misma moneda con ETA. Pero esa es otra historia. La cuestión es que para el caso del incipiente nacionalismo marroquí fue un error, porque una vez Marruecos alcanzó la independencia en 1956 las miras del rey Mohammed V se pusieron en el enclave de Sidi Ifni.

Si España era entonces un país pobre, el recién independizado Marruecos era un país paupérrimo. Así que Mohammed V rehuyó una confrontación directa. Usó lo que hoy llamaríamos un “proxy”, en este caso una fuerza insurgente. La guerra comenzó el 23 de noviembre de 1957 con ataques a los numerosos puestos que guardaban la frontera con Marruecos. Y aquí entra en juego la “memoria histórica” de los militares españoles y el recuerdo de la Guerra del Rif, en la que puestos aislados fueron cayendo una tras otro hasta terminar en el Desastre de Annual. Así que la orden fue evacuar las pequeñas guarniciones para atrincherarse en Sidi Ifni, dejando el interior del territorio en manos de los insurgentes marroquíes mientras se producían deserciones de los miembros nativos de la policía.

A pesar de que se habla de la “Guerra de Ifni”, el conflicto tuvo un segundo escenario: el Sáhara Occidental, donde se repitieron los acontecimientos de abandono de guarniciones y deserciones. Las fuerzas armadas españoles se vieron incapaces de recuperar el territorio perdido ahora en manos de los insurgentes, así que hubo de negociarse la colaboración francesa. La derrota de las fuerzas insurgentes marroquíes vino en una campaña franco-española en el territorio del Sáhara mediante el empleo de aviación y fuerzas mecanizadas en febrero de 1958, la conocida como Operación “Teide”/”Écouvillon”. Simultáneamente fuerzas llegadas de la Península y Canarias limpiaron de insurgentes el enclave de Sidi Ifni. El avance de columnas móviles precedidas por el lanzamiento de paracaidistas me recordó a la “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” aplicada por los franceses durante la Operación “Serval” en Mali.

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A pesar de la derrota de los insurgentes marroquíes, al término del conflicto se entregó a Marruecos la franja de Tarfaya. El enclave de Sidi Ifni se entregó en 1969 bajo el eufemismo  de “retrocesión”. En la práctica España sólo volvió a controlar poco más que un perímetro alrededor de la ciudad.

El interés de Francia en ayudar a España no queda muy claro en el libro, pero es de suponer que tuvo que ver con que Marruecos incitó a la rebelión contra España una serie de tribus que se extienden desde Mauritania al sur de Marruecos, lo que podría afectar a los territorios en manos francesas (véase el primer mapa). El asunto tribal recorre todo el libro y deja en el final del relato de los acontecimientos la puerta abierta al conflicto del Sáhara.  La cuestión es que en 1957 no existía el nacionalismo saharaui y los habitantes del Sáhara Occidental mataron y murieron para unirse a Marruecos. La absoluta contingencia de la causa saharaui y su irrupción de última hora ya la explicó José María Lizundia en El Sáhara como metarrelato.

Uno de los asuntos que llama la atención todo el tiempo y en el que insisten los autores del libro es la enorme precariedad de medios de las fuerzas españolas. En 1953 se habían firmado los acuerdos con Estados Unidos, que permitieron la llegada de material de guerra moderno al país. Pero Washington se reservó derecho a veto sobre su uso y la Guerra de Ifni era vista como una guerra colonial. El Ejército del Aire español, que contaba ya entonces con reactores F-86 y T-33, se vio obligado a emplear los desfasados Casa 2111 e Hispano Aviación HA-1112, versiones españolas de los Heinkel He-111 y Messerschmitt Bf-109 respectivamente. Se contó con el apoyo de fuego de buques supervivientes de la Guerra Civil. Hay en el libro varios ejemplos de ataques aéreos y navales que no dieron “ni a tres montados en un burro”.

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Un CASA 2111 “Pedro” tras un aterrizaje forzoso en Sidi Ifni. (Foto: Ejército del Aire).

Si los medios aéreos parecían sacados de los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, el aspecto de las fuerzas terrestres no era mejor, con soldados en alpargatas y fusil Máuser. Escaseaban los vehículos todetereno y camiones. Las radios fallaban o no tenían alcance. Por no hablar, de la logística, con problemas para entregar agua y comida variada a la tropa que vivía en condiciones de vida miserable. El estado de las fuerzas armadas no sólo era un reflejo de la situación de España en la posguerra, sino el producto de la desidia del régimen.

Ante el panorama relatado, la intervención francesa fue decisiva. Además, Francia fue el origen de materiales estadounidenses ya de tercera mano, como los blindados M-8 Greyhound y los aviones T-6 Texan, que se pudieron usar sin restricciones. Los autores plantean que hubiera sido de aquellos territorios de no haber intervenido Francia. Un idea que también planteó José María Lizundia en su libro. Pudo haber sucedido que el Sáhara Occidental hubiera sido absorbido por Marruecos entonces y nunca hubiera nacido el Frente Polisario.

El libro relata unos hechos de armas olvidados y que las operaciones en lugares como Afganistán o Mali ponen de nuevo de actualidad. Me pareció interesante conocer el contexto completo de los hechos que convirtieron en héores a nombres como el teniente Ortiz de Zártate (que da nombre a la III Bandera Paracadista) o Maderal Oleaga (que da nombre al XIX Grupo de Opeaciones Especiales). Y tal como los autores dicen, son unos acontecimientos necesarios de conocer para entender las relaciones con Marruecos.

“El Fénix Islamista” de Loretta Napoleoni

9788449331091El Fénix Islamista: El Estado Islámico y el resideño de Oriente Próximo de Loretta Napoleoni es su retorno al tema del yihadismo después de haber publicado varios libros sobre temas como la crisis económica y el modelo chino. Recordemos que en 2004 se publicó en España Yihad: Cómo se financia el terrorismo en la nueva economía. El presente libro le debe parte su enfoque a aquel otro. Aquí encontraremos, otra vez, un recuento del origen del Estado Islámico, explicaciones de la fractura suní y chií, explicaciones del origen del islamismo a partir de Sayyid Qutb, etc. El libro, como todos los textos sobre el tema, está lleno de frases sobre el uso que hace el Estado Islámico de las redes sociales para difundir su propaganda y captar adeptos, además de cómo ha desarrollado importantes fuentes de financiación. Los párrafos al respecto me han sonado a más de lo mismo y me gustaría leer por una vez un estudio profundo sobre esos temas con métricas y datos.

Así que para mí,  lo verdaderamente interesante del libro, es todo aquello que aporta de nuevo y original frente a otros (este es el tercero que leo del tema tras haber leído un montón de artículos). En este caso Napoleoni reflexiona y ahonda en cómo el Estado Islámico se ha convertido en un gobernante legítimo a ojos de la población, que ha sufrido la intimidación, los robos y la violencia de los grupos armados que han proliferado en Siria en medio de la guerra. Así, lo que desde fuera se percibe como una autoridad brutal resulta un alivio tras años de desgobierno allí donde el Estado colapsó. Recordemos la experiencia del auge de los talibán en Afganistán en sus comienzos y la aparición de los “tribunales de la shariá” en Somalia. Además, el Estado Islámico ha procurado operar como un estado funcional que proporciona servicios a sus ciudadanos. Napoleoni habla de “estados caparazón” (shell-state, en el original).

Por momentos el libro me recuerda la perspectiva de los africanistas posmodernos españoles, que plantean que los señores de la guerra son los constructores de una nueva modernidad africana como la Guerra de los Treinta Años precedió a la consolidación de los modernos estados europeos. Napoleoni se llega a plantear si en un futuro Occidente debería limitarse a reconocer al Estado Islámico y apunta, nada menos, que las campañas de exterminio de minorías son una vía para la homogenización nacional que aporte estabilidad.

Al contrario que el libro de Patrick Cockburn, este no se trata de un libro escrito por un autor con experiencia sobre el terreno. Napoleoni cita varias veces a la periodista italiana Francesca Borri. Menciona que se ha movido por Siria cubierta de pies a cabeza y sin ningún material que la identificara como periodista, mencionando el contraste con la forma habitual de los periodistas occidentales de moverse en vehículos con la escolta de grupos armados y exponiéndose a ser secuestrados. Una experiencia tristemente repetida en el caso de los periodistas españoles.

Napoleoni ahonda en dos cuestiones para explicar la aparición del Estado Islámico. Una es el colapso de los estados-nación de Oriente Medio. La otra es las posibilidades que ofrece la globalización para la supervivencia de autoridades para estatales. Justo esos dos temas los traté en mi libro, dedicando un capítulo a cada uno. Sorprendentemente el capítulo se titula “Guerras premodernas contemporáneas”. Estarán de acuerdo que hay una forma más sencilla de expresar el concepto: Guerras Posmodernas.

“Diario de la Guerra del Congo” de Vicente Talón

Vicente Talón fue reportero del diario El Correo Español-El Pueblo Vasco de Bilbao primero y luego del diario madrileño Pueblo. Mi generación le conoce como cofundador y director de la histórica revista Defensa. Diario de la Guerra del Congo es una reedición de 2013 de un libro publicado originalmente en 1976. El libro aborda la Crisis del Congo (1960-1965), que cubrió sobre el terreno, dedicando su segunda parte a la participación en el conflicto de mercenarios españoles.

1491594_557149781030323_1750228082_nDiario de la Guerra del Congo se nutre de las crónicas firmadas y los apuntes tomados por Vicente Talón en aquel entonces, la primera mitad de la década de los años 60.  El paso del tiempo es apreciable en el lenguaje y por observaciones sobre las poblaciones locales que escandalizarían a los actuales africanistas españoles, posmodernos la mayoría de ellos. En el prólogo a esta edición Vicente Talón hace referencia a las “matanzas en masa y asesinatos horripilantes” que ocurrieron en el Congo y que décadas después se repetirían en los Balcanes. Esa apreciación coincide precisamente con mi motivación para leer el libro.

Después de leer Biafra. The Nigerian Civil War, 1967-1970, obra de Peter Baxter,  empecé a preguntarme si no deberíamos replantearnos la novedad en África de las llamadas “Nuevas Guerras”, en los términos de Mary Kaldor, cuando contrastamos la Crisis del Congo y la Guerra de Biafra con la Segunda Guerra del Congo, que Tom Cooper abordó en un libro que reseñé aquí. Me refiero al patrón común de conflictos intraestatales altamente internacionalizados donde se cometen violaciones de los derechos humanos de forma sistemática, los bandos se alinean según afiliaciones étnicas y aparecen señores de la guerra y mercenarios.

Al igual que en ¡Sálvese quien pueda! de Javier Nart, nos encontramos las divisiones étnicas y tribales sobre el terreno de un conflicto africano que según la lógica de la Guerra Fría ordenaba los bandos por definiciones ideológicas. De hecho, por el Congo pasaron desde pilotos cubanos exiliados al servicio de la CIA al Che Guevara. Vicente Talón recoge el testimonio de un europeo que identifica a líderes y bandos por afiliaciones tribales, tal como encontraríamos luego en las luchas anticoloniales de Angola o Rhodesia.

Si el retrato de la población local quizás escandalizaría a los anclados en el concepto del buen salvaje, Vicente Talón hace un retrato demoledor del orden colonial belga y de la población blanca que lo sustentó. También desmitifica acciones militares como la Operación “Dragon Rouge”, que tuvo una ejecución torpe y pudo haber salvado más vidas. Evidentemente ambas cuestiones, la realidad social del antiguo Congo Belga y el carácter poco brillante de la Operación “Dragon Rouge” es algo que no encontrarán en la bibliografía al uso. Tampoco los mercenarios de Jean Schramme y Mad Mike Hoare salen bien parados. Esa es la gran novedad que aporta esta libro, una mirada neutra que levanta acta de lo que allí pasó sin adornar el fanatismo, la cobardía y la barbarie desplegadas por quienes en otros relatos de los hechos son heroicos luchadores anticoloniales o intrépidos aventureros occidentales.

La segunda parte del libro aborda la experiencia del 2º Choc del 6º Commando, encuadrado por españoles desplegados en el Alto Uele. A diferencia de otros mercenarios europeos y sudafricanos, los españoles del 2º Choc trataron de mantener una disciplina militar y procuraron tratar al personal nativo de una forma correcta. Las acciones de asistencia a la población civil llevadas a cabo las encuadraríamos hoy en día en la Cooperación Cívico Militar. El resultado fue, cómo no, muy diferente al alcanzado por otras unidades. Pero el personal fue siempre escaso para una área de operaciones tan grande y al final, el 2º Choc fue engullido por la dinámica de golpes y revueltas del país. Su líder y dos oficiales más terminaron fusilados por el nuevo régimen de Mobutu Sese Seko.

Un último apunte. Por el libro desfilan tangencialmente nombres que luego serían conocidos, como el de Laurent Kabila. Cerca del final del libro Vicente Talón cuenta su encuentro con un veterano del 2º Choc que participó en 1967 en un fallido intento de crear un segundo frente durante el motín de los mercenarios liderados por Jean Schramme. El interlocutor de Vicente Talón le echa la culpa al organizador de la expedición, el mismísimo Bob Denard, del que sospecha que en realidad actuaba en connivencia con el régimen de Mobutu Sese Seko. Treinta años más tarde, los hombres de Bob Denard trataron de organizar sin éxito la defensa del régimen de Mobutu frente al avance de las tropas de Kabila.

Una lectura complementaria

Recientemente hice una reseña de tres libros sobre los voluntarios no alemanes que combatieron en el bando alemán durante la Segunda Guerra Mundial, con especial atención a los provenientes de ciertas repúblicas de la Unión Soviética (Rusia, Ucrania y las repúblicas bálticas). Los tres libros tenían como autor o coautor a Carlos Caballero Jurado, prolífico historiador español especializado en el Frente del Este. Es toda una autoridad en la materia, aunque no es difícil leer entre líneas y detectar cierta simpatía hacia los combatientes anti-comunistas. Así que durante la lectura de sus libros me entró la duda si la suya no era una versión aséptica en la que habían quedado fuera los hechos más reprobables o cuestionables. Que sólo se mencionaran aspectos negativos en el libro del que era coautor me dejó la duda. Así que me hice recientemente con Las legiones de voluntarios y otras divisiones de las SS: de la 24ª a la 38ª de Gordon Williamson (traducción de RBA de The Waffen-SS (4) 24. to 38. Divisions, & Volunteer Legions publicado originalmente por Osprey)

En este libro se menciona la brigada Kaminski, cuyo líder “llevaba una vida de señor de la guerra feudal mientras sus hombres saqueaban y mataban a placer” (pág. 15). Participó en el Alzamiento de Varsovia, donde “alcanzó simas de depravación que ofendieron incluso a las SS” (pág. 16). De los voluntarios italianos de la Waffen SS, se dice que “algunos oficiales voluntarios y muy motivados abandonaron al ver el ma trato que los alemanes daban a los italianos” (pág. 18). Mención aparte merece la Brigada Dirlewange, formada por convictos alemanes que se dedicaron a toda clase de atrocidades contra la población civil. No entra en la categoría de aliados no alemanes del esfuerzo de guerra nazi pero merece la pena mencionar que todo relato sobre el Frente del Este de la Segunda Guerra Mundial se cruza con crímenes de guerra tarde o temprano.

Con todo esto quiero decir que queda claro, una vez más, que cuando se trata de libros de historia e historiadores es conveniente buscar más de un fuente y contrastar versiones. Una lección obvia. El asunto se complica además con las alteraciones de la traducción al español de los libros de Carlos Caballero Jurado publicados originalmente en el Reino Unido.

Una vez concluído este ciclo de lecturas sobre los aliados de la Alemania nazi el siguiente pasao será examinar el debate sobre la “memoria histórica” que enfrente a Rusia y los países ex-comunistas sobre el papel de aquellos combatientes que son condenados por un lado aliados de los nazis y por otro reivindicados por enfrentrase a la Unión Soviética de Stalin.

“Biafra. The Nigerian Civil War, 1967-1970” de Peter Baxter

Llevo ya varios libros leídos de la colección Africa@War que coeditan la británica Helion & Co. y la sudafricana 30º South Publishers mientras espero impaciente algunos títulos que saldrán este año. Biafra. The Nigerian Civil War, 1967-1970, obra de Peter Baxter, resulta interesante leída junto con Congo Unravelled. Military Operations to the Mercenary Revolt 1960-1968 y los dos libros de Tom Cooper sobre la Primera y la Segunda Guerra del Congo.

La comparación es interesante porque tenemos dos conflictos de la Guerra Fría y otros dos que encajan perfectamente en el modelo de “Nuevas Guerras” de Mary Kaldor, o el mío de Guerras Posmodernas. Y la cuestión inevitable tras leerlos es preguntarse cuánto de nuevo hay en los conflictos posteriores al fin de la Guerra Fría.

La Guerra de Biafra fue el resultado de las tensiones étnicas en Nigeria tras su independencia. Tras una campaña de progromos contra el pueblo igbo, la parte sudoriental del país proclamó la independencia. Con escasos reconocimientos externos, el nuevo país perdió en una de las primeras ofensivas gubernamentales su salida al mar y se encontró con un solo aeropuerto improvisado como vía de comunicación al exterior. Al auxilio de Biafra acudieron de forma velada Francia y Portugal, con la evidente intención de malmeter en una antigua colonia británica. Pero quienes tuvieron especial protagonismo público fueron mercenarios, aventureros y organizaciones humanitarias tras el impacto mediático del sufrimiento de la población civil. Es decir, en aquella guerra librada a finales de la años sesenta encontramos ya elementos que podríamos pensar sólo característicos de los conflictos actuales.

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Peter Baxter plantea una idea interesante. El esfuerzo internacional por llevar ayuda humanitaria a Biafra, sumado a la negativa de sus líderes por aceptar la inevitable derrota, prolongó innecesariamente la guerra. Creo que esa guerra ha quedado bastante olvidada. Pero en su momento tuvo un enorme impacto, convertida en el estereotipo de crisis humana que se instala en el imaginario colectivo (recordemos aquel disco de Los Toreros Muertos “Por Biafra”), como fue luego en los años 80 la hambruna de Etiopía y en los años 90 el genocidio de Ruanda.

índiceEn el plano militar la guerra se caracterizó por la extrema falta de medios de los rebeldes biafreños y la incompetencia de líderes de ambos bandos en momentos cruciales que hubieran supuesto un golpe decisivo con el que sentenciar el resultado de la guerra. Un lugar especial para mí lo ocupan los mercenarios, voluntarios y aventureros que acudieron a luchar en las filas de Biafra. Me encontré con una serie de nombres y fotos familiares que desconozco dónde los vi por primera vez. Hablo de Rolf Steiner, Marc Goosens, “Taffy” Williams y Armand Ianarelli. Frederick Forsyth cubrió aquella guerra como reportero y recabó allí impresiones y materiales que el sirvieron para escribir la novela Los perros de la guerra. Sin duda el personaje más pintoresco fue el sueco Carl Gustaf Von Rosen, que reunió una escuadrilla de minúsculas avionetas Malmö MFI-9 con las que organizó una “guerrilla aérea” en el bando biafreño. Sus ataques destruyeron en tierra varios aviones de guerra gubernamentales y lograron publicidad para la causa rebelde, pero el impacto real es discutible.

nigeria_1La lectura me ha resultado provechosa porque creo que es otra referencia más a la hora de reexaminar conceptos como el de “Nuevas Guerras”. Mi opinión cuando escribí mi libro era que el período entre 1939 y 1989 se caracterizó por asistir a la emergencia de fenómenos que hoy son esenciales en las Guerras Posmodernas. Y aquí tenemos una prueba concreta de cómo en las viejas guerras de la Guerra Fría encontramos elementos que hoy consideramos característicos de los conflictos del siglo XXI.

Con Hitler contra Stalin

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El general Vlasov dirigiéndose a soldados del Ejército Ruso de Liberación

He leído tres libros del prolífico historiador Carlos Caballero Jurado sobre varios de los contingentes de voluntarios que lucharon en el bando alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Dos de ellos son librillos porque se trata de ediciones en español hechas por RBA de libros de la editorial británica Osprey con apenas 48 páginas. El asunto me interesa por una cuestión muy concreta. La “memoria histórica” sobre esos contingentes es un campo de batalla y un arma arrojadiza en la Nueva Guerra Fría entre Rusia varios países ex-soviéticos.

rusos-contra-stalinEl primero de los tres, es el libro más extenso e interesante: Rusos contra Stalin. Una historia del Ejército Ruso de Liberación de la editorial Galland Books (88 páginas 2010). El libro cuenta la historia de los rusos que decidieron unirse a las filas alemanas en el Frente del Este frente a la Unión Soviética. El título hace referencia al Ejército Ruso de Liberación (POA en sus siglas en cirílico) del general Vlasov, pero en el libro recoge la participación en el bando alemán de rusos en diferentes circunstancias y momentos. Eso va desde la organización ROVS de “rusos blancos” exiliados tras la Guerra Civil Rusa a civiles armados que organizaron partidas antipartisanas, pasando por los rusos que realizaron tareas auxiliares en unidades alemanas que los incorporaron a espaldas de Berlín. Y es que el libro cumple un papel desmitificador de la Alemania nazi. Donde alguno imagina una implacable máquina militar organizada según criterios de máxima eficacia burocrática alemana se encuentra que el régimen nazi fue una suma de feudos de poder dirigidos por un poder irracional y fanático.

Carlos Caballero no deja de preguntarse que hubiera pasado si la Alemania nazi en vez de despreciar el ofrecimiento de rusos exiliados y prisioneros de luchar contra el régimen de Stalin hubiera organizado fuerzas rusas desde el primer día con la promesa de respetar una Rusia liberada. Pero evidentemente eso iba en contra de los designios de Hitler de convertir a Rusia en una colonia alemana y de su desprecio de los pueblos eslavos. Cuando el ejército alemán estaba en retirada cambió el criterio y se decidió finalmente organizar unidades rusas, pero una vez encuadradas e instruidas se decidió mantenerlas lejos del Frente Oriental y dispersarlas. Algunas terminaron en tareas antipartisanas en Yugoslavia y otras en el Muro del Atlántico. Algunas llegaron a combatir de forma destacada contra el ejército soviético y la esperanza de algunos de sus líderes de mantenerse cohesionados para ser útiles a los Aliados en una inminente guerra contra la URSS se vio evidentemente defraudada. Es más, los ciudadanos soviéticos en las filas alemanas hechos prisioneros por las tropas aliadas fueron entregados tras la guerra para terminar ejecutados o enterrados en vida en el Gulag.

Una historia personal recorre el libro como hilo conductor, la peripecia vital de Grigori vom Lamsdorf, al que Carlos Caballero Jurado conoció personalmente. Exiliado en París, combatió en la Guerra Civil española con otros voluntarios rusos del ROVS. De vuelta en Francia, fue llamado a filas y llegó a ser condecorado por el ejército francés. Tras la rendición francesa y la desmovilización, comenzó su aventura a partir de la invasión alemana de la Unión Soviética. Participó en distintas iniciativas de encuadrar rusos para combatir en el Frente Oriental hasta el final de la guerra. Finalmente consiguió huir hasta España y aquí se estableció.

imagesLa Legión Valona y otras unidades alemanas de voluntarios es la traducción al español de Foreign Volunters of the Wehrmacht 1941-45. El libro trata de las unidades extranjeras en el ejército regular alemán de la Alemania nazi (Wehrmacht), con lo que quedan fuera las unidades de voluntarios extranjeros en las Waffen SS. En sus 48 página el cuadernillo, más que libro, trata someramente los voluntarios de la Valonia belga, Francia, Holanda, Italia, Croacia, repúblicas bálticas, el Magreb, los distintos territorios de la Unión Soviética, India y países árabes de Oriente Medio que lucharon en las filas del ejército alemán. El tratamiento es por tanto somero, centrándose en la uniformidad de cada unidad y su organización.  Aunque la obra me atrajo por mencionar a las unidades ucranianas, que en el actual contexto me parecen de especial relevancia. Se trata de una obra publicada en el Reino Unido en 1983 donde se menciona la “macabra reputación” alcanzada por una unidad rusa que también aparece en el libro anterior. Cabe preguntarse por esa omisión.

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El último de los tres libros, Los aliados alemanes de los países bálticos, también es una traducción al español de una obra de Osprey y tiene como coautor a Nigel Thomas. Aquí se hace un recorrido por las unidades voluntarias o no encuadradas por los alemanas en Lituania, Letonia y Estonia. Al contrario de los dos libros anteriores aquí nos encontramos con el caso de movilizaciones forzosas que colocan a sus protagonistas en una categoría a parte a aquellos que por cuestiones ideológicas y nacionalistas se presentaron voluntarios a luchar. Con sus 48 páginas me lo leí como un registro notarial donde se da cuenta del nombre, uniforme y organización de las distintas unidades que en Lituania, Letonia y Estonia se organizaron para combatir en el bando alemán. El asunto más interesante del libro y que tiene que ver con mi motivación para leerlo es la reflexión final de los autores sobre la “Segunda Ocupación Soviética”. Recordemos que la Unión Soviética se anexó las tres repúblicas bálticas por la fuerza en 1940 tras hacer un reparto de esferas de influencia con la Alemania en el infame tratado Ribbentrop-Molotov.

Los autores plantean que una prueba de la verdadera motivación de los voluntarios bálticos contra la URSS queda reflejada en que siguieran combatiendo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Un asunto que trata Edward Lucas en Deception, porque el MI6 británico trató de infiltrar agentes en esas repúblicas con escaso éxito tras la Segunda Guerra Mundial. Carlos Caballero habla de la motivación ideológica en una entrevista:

En realidad dudo mucho que ninguno –salvo quizás una cifra anecdótica- fueran radicales nazis. Eran anticomunistas en su inmensa mayoría (si excluimos a los extraeuropeos) y donde más reclutaron fue en zonas de Europa como los Países Bálticos o Galitzia –la Ucrania occidental- que habían sufrido una invasión comunista soviética. Otros lo hacían movidos también por el afán de que sus países consiguieran la independencia. En no pocos casos ambos motivos se combinaban.

La polémica evidentemente está servida porque en la fórmula de “lucharon con Hitler contra Stalin” cada cual se ha quedado con la mitad que le interesa resaltar. En las repúblicas bálticas y Ucrania se conmemora a quienes tomaron las armas para enfrentarse a la Unión Soviética, más allá de que para ello se convirtieran en aliados de la Alemania nazi. Ante lo cual en Rusia  se condena esos gestos como filonazis. Véase el caso de Harald Nugiseks, veterano de las Waffen SS que recibió la Cruz de Caballero y falleció en 2014. Fue enterrado con honores militares.

Harald Nugiseks con uniforme estonio y la Cruz de Caballero al cuello

Harald Nugiseks con uniforme estonio y la Cruz de Caballero al cuello

En 2007 el gobierno estonio aprobó una ley sobre enterramientos militares con el propósito de retirar de Tallinn el monumento al “soldado soviético liberador”. La anexión de Estonia en 1940 fue acompañada por una campaña de represión que diezmó las élites del país. Para la Estonia actual la entrada de tropas soviéticas en Tallinn en 1944 no fue una liberación, sino otra fase histórica de tiranía impuesta que duró hasta 1991. La retirada del monumento se vio acompañada de disturbios en las calles de Tallinn y por una campaña de ciberataques.

Hablaba de “memoria histórica” para denotar el proceso de construcción social del pasado colectivo y reescritura de la historia. El concepto “fascismo” se ha convertido en Rusia en un término cajón de sastre con el que atacar a los enemigos del nacionalismo ruso, cuyas filas están llenas de fascistas y neonazis. La confusión ideológica en la Nueva Guerra Fría es total. En las filas separatistas prorrusas en Ucrania Oriental encontramos a voluntarios del ROVS, la organización creada por rusos blancos en el exilio que envió voluntarios a España a combatir y se unieron a las filas requetés por afinidad ideológica. Al fin y al cabo, unos tenían por lema “Dios, Zar y Patria” y los otros “Dios Patria y Rey”. Fueron homenajeados por la Fundación Francisco Franco no hace mucho. Y mientras, un puñado de españoles fueron a unirse a las filas prorrusas en Ucrania enarbolando la bandera de la II República.

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“¿Aliados o enemigos? La SGM en el Próximo Oriente, 1941” de Javier Lion Bustillo

A la primera persona que le escuché hablar del concepto Guerras Híbridas fue a Jorge Aspizua. Reviso su blog y encuentro que la primera mención es de julio de 2006 (echen cuentas) a propósito de Hezbolá y la guerra aquel verano en el Líbano. Ahora el tema está de moda y en el establishment español de defensa no paran de sacar artículos. Hasta un sarao vi organizado con expertos traídos de fuera, cómo no. Pero en aquel entonces Jorge predicaba en el desierto. Y aunque ahora todos se han apuntado a rescatar lecciones sobre guerra híbrida de aquella guerra en el Líbano en 2006 y a hablar de Rusia, Jorge ya hablaba de otros casos históricos. Es el caso de la campaña británica en Iraq en 1941.

Me encontré de casualidad con ¿Aliados o enemigos? La SGM en el Próximo Oriente, 1941 de Javier Lion Bustillo, un libro que trata de las campaña británicas en Iraq y Siria durante la Segunda Guerra Mundial. Son dos episodios bastantes desconocidos de aquella guerra, pero que me interesaban por cuestiones que resulta que al final no aparecen en el libro. Ya es mala pata. En primer lugar tenemos la Campaña de Iraq de mayo de 1941. Iraq era un país soberano entonces, surgido del desmantelamiento del Imperio Otomano a manos de los británicos y franceses tras el fin de la Primera Guerra Mundial. Como herencia colonial, albergaba una fuerza militar británica. En marzo de 1941 un golpe de estado llevó al poder a un nuevo gobierno que trató de realinear el país hacia una alianza con las potencias del Eje. El gobierno británico decidió entonces actuar y controlar el país antes de que un nuevo frente hiciera más comprometida su posición en Oriente Medio. Recordemos que en 1941 se había constituido el Afrika Korps. Las fuerzas británicas usaron como cabeza de puente la base aérea de Habbaniya, que las fuerzas iraquíes no supieron o pudieron capturar al comienzo de la campaña. Y por otro lado, tropas indias desembarcaron en Basora, desde donde avanzaron hasta Bagdad para coincidir con las fuerzas británicas que habían partido de la actual Jordania. El apoyo de las potencias del Eje fue tibio y tardío, cuando ya no pudo ser decisivo.

Hay un par de detalles relevantes que contar de aquella campaña. Lo primero es la curiosidad que suscita encontrarse en un relato de guerra topónimos del Triángulo Sunní iraquí, donde más 60 años después los estadounidenses libraron sus combates más cruentos con la insurgencia iraquí. Por ejemplo, Habbaniya se encuentra entre Faluya y Ramadi. Otro detalle relevante es que en Bagdad estalló un progromo contra la población judía local. Recuérdese que hablamos del año 1941, antes de la proclamación de Israel. Y que la población judía local llevaba generación tras generación viviendo allí. Valga añadir un detalle. Haj Amin al-Husseini, mufti de Jerusalén y famoso posteriormente por su apoyo a las potencias del Eje, se encontraba en Iraq.

Me interesaba esta campaña por el uso combinado de lado iraquí de fuerzas regulares e irregulares contra los británicos, concepto que cabría interpretarse como un precedente de “guerra híbrida” Pero como ya comenté, no se menciono el asunto con demasiado interés en el libro.

La segunda campaña que trata el libro es la campaña de Siria-Líbano en junio-julio de 1941. Se trata de una acción “preventiva” llevaba a cabo por el gobierno británico. Siria y Líbano eran dos territorios cuya administración había obtenido Francia tras la Primera Guerra Mundial y que estaban en manos de la Francia de Vichy, supuestamente neutral. Durante la campaña iraquí los aviones de guerra enviados por Alemania e Italia al gobierno surgido en Iraq tras el golpe de estado hicieron escala en Siria. Así que en Londres cundió la preocupación de que Siria y Líbano sirvieran para abrir un segundo frente mientras transcurría la guerra en el norte de África. Las expectativas es que se produjeran deserciones masivas de las fuerzas francesas de Vichy cuando se encontraran en el frente con fuerzas de la Francia Libre. No fue el caso.

Curiosamente la mayoría de las fuerzas aliadas en esta campaña la formaron tropas indias, australianas y de la Francia Libre. Estas últimas incluían a unidades de la Legión Extranjera francesa y tropas coloniales del Magreb y África Occidental. Combatieron contra fuerzas francesas de Vichy que incluían a legionarios extranjeros y tropas coloniales. Así se dio la paradoja, tratada en el libro en un apéndice, que republicanos españoles llegaron a encontrarse frente a frente en ambos bandos. Pero lo que más me llevó a reflexionar es la imagen de senegaleses y tunecinos matándose entre ellos en una guerra que no era la suya, posiblemente por lealtad a sus comandantes y sus unidades.

La verdad es que el relato del avance aliado se me hizo tedioso. En esta otra campaña encontramos de nuevo una topografía familiar para el interesado en la historia militar. Por ejemplo, nos encontramos combates en los Altos del Golán, célebre campo de batalla en 1967 y 1973. O la localidad de Marjayún, ubicación de la base “Miguel de Cervantes” que ocupan cascos azules españoles desde 2006.

En esta parte del libro también se omite un asunto que generó mi interés por el libro. La campaña de Síria-Líbano arrancó con una serie de lo que hoy llamaríamos “operaciones especiales” en las que participó un tal Moshe Dayan. Allí perdió un ojo y desde entonces llevaría un parche. Otro personaje que sí aparece en el libro y apenas se menciona es al comandante de la 10ª División India, el general William Slim, que llegaría a ser famoso posteriormente por la campaña de Birmania. Con sus tropas alcanzaría Deir ez-Zor en Siria, otro topónimo de actualidad.

“Great Lakes Conflagration: The Second Congo War, 1998-2003” de Tom Cooper

Tom Cooper está detrás del Air Combat Information Group, uno de los secretos mejor guardados de Internet, además de ser autor de varios libros sobre aviación militar. Hace años cité aquí un artículo suyo para escribir sobre el impacto de las comunicaciones por satélite en las nuevas “Toyota Wars” africanas. Esa faceta suya como experto en conflictos africanos está saliendo a la luz gracias a la colección Africa@War que coeditan la británica Helion & Company y la sudafrican 30º South Publishers.

CBJ8466-2Great Lakes Conflagration trata sobre la Segunda Guerra del Congo (1998-2003), uno de los conflictos más mortíferos, complejos y desconocidos de los últimos 25 años. Un conflicto conocido como la Primera Guerra Mundial Africana o la Primera Gran Guerra Africana. Para que se hagan una idea, hablamos de una cifra de varios millones de muertos. El punto de partida es la caída del régimen de Mobutu Sese Seko en el entonces llamado Zaire en 1997 y la llegada al poder del “revolucionario” Laurent-Désiré Kabila. El control que ejercía el nuevo gobierno sobre el país era débil. Hay que tener en cuenta la enorme extensión del país (2,4 millones de kilómetros cuadrados) y la multiplicidad de grupos políticos contrarios dispuestos a enfrentarse al nuevo poder. Así, se creó una coalición de países dispuestos a lanzar una guerra por el poder enmascarándose detrás de los grupos insurgentes. Hablamos de una guerra por delegación (“proxy war”) en la que Uganda, Ruanda y Burundi apoyaron a grupos insurgentes congoleños tratando además de incentivar la revuelta de simpatizantes del antiguo régimen.  En el bando contrario, el gobierno de Kabila recibió el apoyo de Zimbabwe, Angola. Namibia y Chad, quienes a su vez apoyaron a grupos insurgentes ugandeses y ruandeses contra sus respectivos gobiernos a la vez que apoyaron a grupos congoleños contra el poder de facto ruandés en las provincias orientales del país. Me ahorro hacerles la lista de los grupos implicados. La lectura del libro requiere repetidas consultas de los capítulos introductorios donde se detallan los componentes de cada bando.

La Segunda Guerra del Congo tuvo todos los elementos que uno asocia al concepto de “nuevas guerras” acuñado por Mary Kaldor: grupos armados con poca cohesión y disciplina, matanzas de civiles, violaciones y saqueos, encuadramiento de niños soldados, etc. Pero lo que diferencia a esta guerra de cualquier guerra premoderna, evidentemente, es el contexto de la globalización. El objetivo inmediato de la intervención de Ruanda, Burundi y Uganda en el Congo fue la explotación de sus recursos naturales (oro, diamantes, coltán, etc.), creándose por vía aérea un flujo de ida de armas procedentes principalmente de Europa del Este y un flujo de vuelta de recursos naturales valiosos. Hay que destacar el papel del traficante de armas ruso Victor Bout, mercenarios occidentales y varias empresas israelíes en el suministro del bando anti-Kabila. Con las enormes distancias del país, la logística tuvo un papel crucial en la guerra, siendo importantísimo el papel de los puentes aéreos establecidos por cada bando mediante una pintoresca colección de viejos glorias de la aviación. Así, el frente se movió como un péndulo en función de lo lejos que cada bando estaba de sus bases de partida y lo rápido que se agotaba su esfuerzo.

An-12 de Air Cess, empresa de Victor Bout registrada en Emiratos Árabes Unidos e implicada en el esfuerzo bélico ruandés.

An-12 de Air Cess, una de las empresas de aviación de Victor Bout registrada en Emiratos Árabes Unidos e implicada en el esfuerzo bélico ruandés.

DC-8 de Trans Air Cargo, otra empresa implicada en el esfuerzo logístico de la Segunda Guerra del Congo

DC-8 de Trans Air Cargo, empresa congoleña implicada en el esfuerzo logístico de las fuerzas del presidente Kabila.

En la alianza pro-gobierno de Kabila hay que destacar el papel jugado por las fuerzas armadas de Zimbabwe. La idea que transmite Tom Cooper es que las fuerzas armadas del país heredaron bastante de la profesionalidad y doctrina de las antiguas fuerzas armadas rhodesianas, un referente histórico en las guerras africanas durante la Guerra Fría. De hecho, la colección Africa@War ha dedicado unos cuantos títulos al tema (desde el más general Bush War Rhodesia 1966-1980 a los más específicos sobre los Selous Scout y las tácticas de Fire Force), por no mencionar los diversos libros de historia militar y memorias personales que Helion & Company ha dedicado a la Guerra de Rhodesia. La acción de la aviación y las fuerzas especiales de Zimbabwe resultaron una y otra vez fundamentales para salvar la situación in extremis. A pesar de su escaso número en el total de fuerzas implicadas en la guerra, su impacto fue alto por el decisivo efecto que sus unidades bien entrenadas y bien cohesionadas tenían ante fuerzas numerosas pero compuestas por niños-soldados y rebeldes con escaso entrenamiento. Así destaca el papel en la guerra de los entrenadores Bae Hawk Mk.60 realizando misiones de ataque ligero o  el empleo de los CASA C212 Aviocar de origen español como bombarderos de fortuna, guiados hasta el objetivo mediante un GPS de mano y lanzando bombas por la rampa.

Bae Hawk Mk.60

Bae Hawk Mk.60 de la fuerza aérea de Zimbabwe, antes de su entrega en 1982. Foto de Kev Slade

C212 Aviocar del 3º Escuadrón de la fuerza aérea de Zimbabwe en 2012

C212 Aviocar del 3º Escuadrón de la fuerza aérea de Zimbabwe en 2012

El libro tiene 64 páginas en formato DIN A4. Pero no debería llevar a engaño. Como ya comprobé en Libyan Air Wars Part 1973-1985, Tom Cooper dota de una enorme densidad a sus libros gracias a su conocimiento de los entresijos profundos del tema que maneja, destacando especialmente el manejo de fuentes directas. Queda al criterio del lector darle validez a las informaciones tan detalladas que Cooper maneja sobre temas tan desconocidos. A mí me parece una obra altamente recomendable sobre un conflicto que pasará ahora a mi canon de las Guerras Posmodernas.

Una última reflexión. Es habitual escuchar cierta narrativa sobre la pobre África saqueada por culpa de la rapacidad de las malvadas empresas occidentales y sus conflictos armados alimentados por la insaciables empresas de los complejos militares industriales occidentales. Aquí tienen un trágico ejemplo de un país africano atormentado por la avaricia de dos políticos africanos. Hablamos de Paul Kagame de Ruanda y  Yoweri Museveni de Uganda, este último presentado como ejemplo del Renacimiento Africano durante los tiempos del presidente Bill Clinton. En cuanto a las armas, la realidad es que el grueso de los grandes contratos multimillonarios son entre países democráticos sin que alimenten ningún conflicto, por ejemplo aviones F-18E y P-8A estadounidenses para Australia. El grueso de las muertos en las “guerras olvidadas” en las dos últimas décadas fueron víctimas de armas y municiones procedentes de países como Bielorrusia, Ucrania, Serbia, Irán y Corea del Norte. Así que no oirán a nadie en España escarbar sobre la Odessa Network porque, ya saben, hablar mal de Putin o Yanukovich es estos tiempos hacerle el juego a la OTAN.

“La audacia en la guerra: Comandos 1939-1945” de Carlos Canales y Miguel del Rey

170006Haciendo una reseña del libro Los Chindits y otras fuerzas británicas del frente asiático comenté que lo que más que me interesaba de la Segunda Guerra Mundial eran las unidades de fuerzas especiales y los ejemplos de guerra no convencional. Fue escribir eso y a los pocos días me encontré, como caído del cielo, en una librería un ejemplar de La audacia en la guerra: Comandos 1939-1945 de Carlos Canales y Miguel del Rey. El libro, con más carácter divulgativo que exhaustivo, hace un repaso a las unidades de operaciones especiales o de guerra irregular que intervinieron en la Segunda Guerra Mundial. Hablamos de las unidades “Commando” el SAS, el LRDG, los Chindit y la Gideon Force por el lado británico. Luego tenemos los batallones Rangers, la 1st Special Service Force, los Merrill’s Marauders y los Alamo Scouts por el lado estadounidense. La clasificación de unidad de operaciones especiales no sé si sería correcta, pero en el bando alemán aparece el Batallón Ebbinghaus. Aparecen los Brandenburgers, las unidades que operaron con el Afrika Korps y la Operación “Grief” de Otto Skorzeny. Finalmente tenemos a la Xª Flotilla MAS italiana y sus pares alemanes de las K-Flotillen. El libro cierra con las unidades finlandesas y, fuera del contexto de la Segunda Guerra Mundial, la toma de Puerto Bolívar (Ecuador) tras un salto de paracaidistas peruanos.

Personalmente, eché en falta unidades estadounidenses dedicadas a las operaciones anfibias en el Océano Pacífico, como por ejemplo los Raiders. Pero viendo la selección de las autores caí en la cuenta de un primer asunto relevante que ya surgió en mi reseña de Los Chindits y otras fuerzas británicas del frente asiático. Hay unidades que me resultaban familiares por el cine de Hollywood, como la 1st Special Service Force  (véase “La Brigada del Diablo”) o los Merrill’s Marauders (“Invasión en Birmania”). La fama en el Norte de África se la llevó el Special Air Service pero mucho más impacto tuvo el Long Range Desert Group (LRDG). Queda claro que la fama alcanzada por ciertas unidades no concuerda con su impacto en la marcha general de la guerra.

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En el libro encontramos que realmente pocas unidades tuvieron un impacto estratégico. En el caso estadounidense, muchos generales se empeñaron en emplear a las unidades especiales como infantería convencional, desperdiciando a unos hombres especialmente preparados junto con el tiempo y recursos dedicados a su formación. En el caso italiano, los buceadores ( “Uomini Gamma”) de la Xª Flotilla MAS lograron un éxito espectacular en el puerto de Alejandría en 1941 pero una evaluación muy conservadora de los daños producidos llevó a la marina italiana a no explotar la superioridad alcanzada en el Mediterráneo.

Otra cuestión que me ha llamado la atención es la poca importancia dada por Alemania a las unidades de operaciones especiales. Italia sólo está representada por una unidad. Y Japón no está presente. Los autores señalan que no hubo una verdadera cooperación entre las Potencias del Eje, donde se transmitiera de unas a otras las lecciones aprendidas o la tecnología.

El libro lo he leído con mucho interés, perdonando los errores de edición y maquetación. Por no hablar de algunas fotos de mala calidad tomadas de Internet. Me ha resultado tremendamente desmitificador. Aunque he encontrado interesante tantos casos y experiencias. Fue en su momento una gran lección de Jorge Aspizua. Evitar caer en el adanismo cuando a tantos fenómenos podemos encontrarles precedentes históricos.

“One hundred victories: Special Ops And The Future of American Warfare” de Linda Robinson

41cqH8dK0oL._SY344_BO1,204,203,200_Hace un par de años escribí aquí “Cuatro errores del gobierno Bush”. El tercero era “El Olvido de Afganistán”. Mi sensación de siempre fue que tras la caída del régimen talibán el gobierno estadounidense se desentendió de la situación en Afganistán. En algún sitio leí que el 12 de septiembre de 2011 ya se hablaba de invadir Iraq por los pasillos del Pentágono. En mi reseña de Los Vulcanos hablé de cómo una generación formada en la vieja Guerra Fría fue incapaz de asumir el nuevo mundo de las Guerras Posmodernas para imponer los planes de invasión de Iraq y tener así su guerra convencional con la que disfrutar al entrar en Bagdad de cinco minutos de gloria militar en la televisión que compensaran el 11-S y restituyeran el orgullo herido.

Así, con estos antecedentes, he llegado a este libro de Linda Robinson que sorprende al lector cuando cuenta que hasta 2009 nadie se había molestado en diseñar una estrategia de contrainsurgencia para Afganistán. Las fuerzas especiales desplegadas allí se dedicaban a perseguir objetivos de alto valor (High Value Target) con una cadena de mando diferente de las fuerzas convencionales y sin que hubiera un mando de operaciones especiales de alto nivel. Por no hablar de las fuerzas de países aliados integrados en ISAF, al margen de las fuerzas estadounidenses. En definitiva, cada uno hacía allí la guerra por su cuenta.

El libro cuenta el trabajo de los oficiales de operaciones especiales que intentaron darle la vuelta a esta situación a partir de que se creara el Combined Forces Special Operations Component Command-Afghanistan (CFSOCC-A) y se decidiera poner a las fuerzas especiales de Estados Unidos a realizar lo mejor que saben hacer: Entrenar y acompañar a fuerzas locales (Foreign Internal Defense). El libro incrementa una sospecha que tenía hace tiempo. En Afganistán se libran dos batallas contradictorias. Por una lado derrotar a los talibán y por otro lado construir un Estado. Las fuerzas especiales empezaron a organizar, entrenar y pagar fuerzas locales al mando de líderes tradicionales simpatizantes de Estados Unidos. Ese esfuerzo se hizo en muchos lugares a espaldas de las autoridades formales del país, primando eficacia y lealtad por encima de la estricta legalidad afgana. Es decir, las fuerzas especial estadounidenses socavaron el “monopolio legítimo de la violencia” para derrotar a los talibán. El problema se solucionó luego gestionando que el Estado afgano fuera absorbiendo aquellas fuerzas irregulares y entamblando las batallas diplomáticas en los pasillos del poder en Kabul para que las autoridades no desandaran lo avanzado en materia de seguridad en las aldeas.

"Afghan Local Police" (ALP)

“Afghan Local Police” (ALP), la fueza local creada en el marco de las Village Stability Operations

El título del libro hace referencia a las batallas libradas por las fuerzas especiales estadounidenses en lugares recónditos del país donde montaron bases para formar y acompañar a las fuerzas locales reclutadas entre la población y con la aprobación de los líderes informales del lugar. Los “boinas verdes” volvieron así a sus orígenes con las Village Stability Operations, que es en el fondo el tema central del libro. Podríamos decir que estamos casi ante un compendio de “buenas prácticas” de contra insurgencia donde encontramos la importancia de una fuerza entrenada para este tipo específico de trabajo y un mando consciente de la naturaleza no convencional de la empresa. Pero al igual que me sucedió leyendo sobre los esfuerzos de los marines en la provincia de Sangin cabe preguntarse si estos esfuerzos no llegaron demasiado tarde